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El mal radical del corazón humano: Problemas fundamentales de la ética de Kant

El documento que adjunto corresponde a mi tesis de maestría, sustentada en la Pontificia Universidad Católica del Perú el 29 de enero de 2013. Los miembros del jurado fueron Ciro Alegría Varona (asesor), Fidel Tubino Arias Schreiber y Julio Del Valle Ballón. El trabajo trata sobre la teoría del mal kantiana, mas no solamente desde un punto de vista ético, sino también histórico y psicológico.

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Reproduzco el texto de la Introducción (sin cursivas):

Este trabajo constituye una investigación sobre el mal radical tal como aparece en la primera parte de La religión dentro de los límites de la mera razón (en adelante, Religión). De lo que se trata es de presentar de forma crítica la tesis de Immanuel Kant que afirma una maldad innata en la naturaleza humana (R 6:32-39). Y si bien la tesis aparece de forma explícita y sistemática únicamente en dicha obra, nos preocuparemos en mostrar que, mutatis mutandis, atraviesa toda la filosofía moral kantiana, dado que articula una visión del ser humano que se hace presente en todas sus obras de moral, así como en sus escritos de antropología y de historia.

Este trabajo no sólo presenta sino que aboga por dicha forma de hacer teoría ética, en constante diálogo con otras disciplinas. No teme nutrirse de cuantos datos empíricos pueda extraer de investigaciones antropológicas y psicológicas, a la vez que sienta su preocupación máxima en el destino de nuestra especie, para lo que es necesario formular proyectos políticos y religiosos de magnitud histórica. Entender el mal radical significa entender cómo la ética se articula con estas otras disciplinas como la política, la antropología, la psicología y la historia.

Además del fin exegético de hacer inteligible la difícil tesis del mal radical en la naturaleza humana, se añade la propuesta de que dicha posición, de más de 200 años de antigüedad, sirve de base todavía hoy para reflexionar sobre problemas fundamentales. Un tema que subyace el presente trabajo, y considero de suma importancia, versa sobre la delgada línea entre moral y religión, entendida esta última no como un cuerpo de creencias y prácticas de origen histórico (en ese sentido la diferencia para Kant es clara), sino como un tipo de experiencia humana tan antigua como la historia misma (y la razón), y por tanto, cierto discurso filosófico pero a la vez religioso. Tomo como ejemplo de este tipo de discurso, que además presenta a la perfección la doctrina kantiana del mal1, el siguiente pasaje:

The difference between a good and a bad man does not lie in this, that the one wills that which is good and the other does not, but solely in this, that the one concurs with the living inspiring spirit of God within him, and the other resists it, and can be chargeable with evil only because he resists it. (William Law, citado por Huxley 2009: 178)

El autor es William Law, citado por Aldous Huxley, en el excelente compendio de una filosofía universal y eterna, titulado The Perennial Philosophy.

 

Al abordar la tesis de la maldad innata en el ser humano, tendremos que responder dos preguntas distintas, si bien conectadas. La primera interrogante se puede expresar del siguiente modo: ¿qué es el mal y cómo es posible? Kant está en contra de una respuesta que pretenda total claridad y compresión del problema, del “supuesto” de que “la existencia del mal moral en el hombre se deja explicar con toda facilidad” (R 6:59). El mal moral, al igual que la idea de una ley moral que opere con total realidad en el ser humano, es en última instancia “incomprensible” (R 6:59). La respuesta de Kant al problema del mal no pretende una inteligibilidad absoluta, sino que se tiene que aceptar como un tipo de discurso adecuado al tema, y por tanto, limitado, con supuestos razonables pero en última instancia indemostrables. Cualquier respuesta a esta pregunta supone una creencia ético-religiosa y supone un discurso histórico y en última instancia contingente. Para este trabajo nos limitaremos a mostrar qué elementos de la teoría del mal kantiana, y de toda su teoría ética, suponen propiamente un creencia, o un acto de fe.

La segunda interrogante apunta al carácter de moral de nuestra especie. Se trata de si el hombre es por naturaleza bueno o malo. Para Kant, la respuesta es obvia, evidente, si nos dirigimos a los hechos, a una investigación empírica no sólo de los individuos y de su interioridad sino de las relaciones sociales y entre los Estados; la respuesta es que el ser humano es malo por naturaleza. Pero, por supuesto, la tesis que afirme la maldad innata de la especie humana supone una respuesta, ya no tan obvia, a la primera interrogante. No obstante, una respuesta que se quede en el primer momento pecará de arbitrariedad y no podrá ser completa. Responder adecuadamente qué es el mal y cómo es posible requiere una investigación empírica acerca de nuestra propia naturaleza. Este trabajo debe mostrar cómo ambas respuestas se articulan en la tesis kantiana del mal radical y en el resto de la filosofía moral de Kant.

El primer capítulo presentará el mal radical tal como aparece en la primera parte de la Religión. Esta presentación, en tanto corresponde a lo expuesto por Kant, es confusa e incompleta, dado que se queda en la primera interrogante y sólo da luces sobre la segunda. Para compensar esta oscuridad recurriremos, en el segundo capítulo, a toda la investigación empírica de Kant sobre el carácter de nuestra especie, lo que supone la elaboración de una concepción histórica del ser humano en tanto ser natural y a la vez racional. En el tercer capítulo, nos volveremos sobre las bases de una posible respuesta a ambas interrogantes, al examinar el lugar donde la maldad se encuentra en el ser humano, a la vez que los límites inherentes a cualquier discurso sobre el mismo. En el cuarto y último capítulo recogeremos aquellos elementos de la teoría kantiana del mal que se encuentran vigentes en una tradición más amplia de pensamiento racionalista y humanista.

No deben dejar de consultarse los tres apéndices. El primero, breve, donde hago explícita la interpretación de la ley moral que trasciende (en sentido kantiano) todo el presente trabajo, con particular énfasis tanto en su calidad de una idea de la razón, como en lo que significa para nuestro actuar, dejando de lado muchas de las sutilezas que caracterizan el debate especulativo contemporáneo, completamente prescindibles para el entendimiento moral común, que juzga moralmente con la facilidad que distingue la mano derecha de la izquierda (KpV 5:155). El segundo presenta de forma sistemática las características de la iglesia racional que Kant tiene en mente como la comunidad ética, única forma mediante la cual los seres humanos podemos sobreponernos a nuestra maldad. El tercer y último apéndice presenta un ejemplo del tipo de discurso religioso que Kant tiene en mente es posible acerca del problema del mal, así como del límite que supone para nuestra comprensión especulativa.

“La verdad es que nunca es justo perjudicar”

Acaba de salir la traducción al español de La República de Platón, de Alain Badiou, obra de la cual, por cierto, ya he escrito un par de entradas:

Todos seremos filósofos (la tesis del filósofo gobernante reescrita por Alain Badiou)

Sumilla en construcción: El viaje de mil años (o el problema del dónde, cuándo y cómo del Estado perfecto)

Un perro filósofico

La hipertraducción del griego original se encuentra en un punto medio perfecto entre una traducción estándar, y una completa reimaginación. Badiou es fiel a la esencia del texto, y no pocas veces uno se encuentra con la sensación de estar leyendo a Platón. El Sócrates de Badiou es el Sócrates de Platón, pero ya no atado a la Atenas de hace 2500 años, sino que tiene un pie en todos los lugares y todos los tiempos a los que podemos acceder mediante el pensamiento filosófico y su largo desarrollo histórico. La tesis, que cada quién tendrá que juzgar, es que el problema que identifica Platón es el mismo al que nos enfrentamos todavía hoy.

republicabadiou

Veamos un pasaje del prólogo:

—¿Que es cierto qué, Sócrates? Nos está atolondrando.

—La verdad es que, si uno los maltrata, desnaturaliza su virtud propia. Del caballo y del perro al hombre, ¿la consecuencia es buena? Si uno maltrata a la especie humana, ¿no se vuelve peor, en lo que respecta a su virtud propia?

—¡Comprendí! ¡Usted introduce al hombre por el caballo! La conclusión me parece excelente. Habría que determinar aún cuál es la virtud propia del hombre. ¡No es como galopar o ladrar!

—¡Pero si es de eso de lo que hablamos desde el inicio de la tarde! ¡Afirmamos que la virtud propia de la especie humana es la justicia! De nuestra comparación resulta entonces que, si se maltrata a los hombres, se los hace más injustos de lo que eran. O sea que es imposible que un justo maltrate a quien fuere.

—¡Espere! Hay algo que me falta aquí, no veo la lógica del razonamiento.

—Un músico no puede, sólo por el efecto de su música, crear a un analfabeto musical, como tampoco un caballero, sólo por su arte ecuestre, a un ignorante total del caballo. ¿Y sostendríamos que un justo puede, sólo por el efecto de su justicia, hacer a alguien más injusto de lo que es? ¿O, para abreviar, que la virtud de los buenos es lo que engendra a los canallas? Es absurdo, tanto como sostener que el efecto del calor es enfriar o el de la sequedad, mojar. No, no puede estar en la naturaleza de un alma bella perjudicar a quien fuere. Y como el justo es un alma bella, no está en su naturaleza perjudicar a su amigo, aunque éste fuera un canalla, ni, por lo demás, perjudicar a quien sea. Ésa es una propiedad del injusto que, él sí, es un canalla.

Aturdido, Polemarco capitula:

—Temo que debo rendirme. Usted es demasiado fuerte para mí.

Sócrates remata al interlocutor:

—Si alguien, incluso Simónides, incluso Homero, sostiene que la justicia equivale a devolverle a cada uno lo que se le debe, y si su pensamiento subyacente es que el hombre justo debe perjudicar a sus enemigos y beneficiar a sus amigos, sostendremos con arrojo que esos argumentos son indignos de un sabio. Porque, sencillamente, no son verdaderos. La verdad –que nos ha aparecido en todo su esplendor en el hilo del diálogo– es que nunca es justo perjudicar. Que de Simónides a Nietzsche, pasando por Sade y tantos otros, se haya sostenido lo contrario no nos impresionará más, ni a usted ni a mí. Amén de eso, mucho más que a los poetas o a los pensadores, la máxima “es justo perjudicar a sus enemigos y beneficiar a sus amigos” me parece apropiada para los Jerjes, Alejandro, Aníbal, Napoleón o Hitler, para todos aquellos en quienes la extensión del poder, por un tiempo, provocó una suerte de embriaguez.

Y Polemarco, conquistado:

—¡Es a toda una visión del mundo a la que usted nos convoca! Estoy dispuesto a librar batalla a su lado.

—Entonces, comencemos por el comienzo. Si la justicia no es lo que los poetas y los tiranos sostienen que es, ¿qué puede ser?

Descargue el prefacio y el prólogo (de donde proviene el extracto) en español.

Marvelman

Me acabo de percatar que para descargar Marvelman, los números de Alan Moore, en este blog, uno tiene que acceder a distintos lugares, por lo que se me ocurrió poner todos los enlaces en el mismo lugar, o sea acá.

Números 1 al 13.

14 y 15.

16.

O, por qué no, acceder directamente por aquí.

Confidencias de un Senderista

Acabo de encontrar este comic circulando por las redes, cuya difusión se vuelve un imperativo moral. Descarguenlo haciendo click en la imagen.

La historia estaría basada en un relato real de Jorge Cañari Vásquez, ex-senderista, de quien sólo he podido encontrar en la web un par de referencias de Ideele como un preso senderista que fue eventualmente amnistiado. Al margen de su carácter real o ficticio, la historia destaca por su crudeza y realismo, enfrentando al lector ante circunstancias que parecen moralmente insalvables, como la que se puede apreciar en la siguiente página, así como de una gran perspicacia a la hora de plasmar el ánimo de los personajes:

No sólo queda establecida la crueldad y prepotencia del grupo terrorista, sino también el estado de precariedad en que se encontraron muchos ciudadanos, que se vieron obligados a ser senderistas por la fuerza. ¿Merece, pues, una persona abandonada por su Estado y sometida por la fuerza a una organización terrorista la muerte, sin más, como un terrorista más? ¿Eran todos los senderistas malos?

El autor del comic es Luis Baldoceda, y fue hecho en 1989.

Top 10 de entradas 2010

Al igual que el año pasado, me pareció pertinente recopilar las entradas más memorables de este humilde blog a lo largo del año que nos deja. Ya anuncié algunos ligeros cambios hace varias semanas, así que vamos directo a la cuestión:

Si bien me gradué el 2009, que esta foto represente el breve exilio, tanto como el retorno, de este bloguero respecto de la filosofía.

10. Pensamiento Homero.

Nunca falta algo de comic relief.

Ver también Independent Thought Alarm.

9. Un robot Descartes.

Algo que quiero hacer cada vez más es comentar obras de ficción, ya sean de literatura o cine, haciendo uso de conceptos filosóficos. Si bien esta entrada es sobre todo expositiva, demuestra lo bien que le sienta la filosofía a la ciencia ficción.

8. Palabras inmortales.

Esta entrada es breve, y consiste básicamente en una cita de la Apología. No obstante, la fuerza de la misma la coloca en este ranking sin dificultad alguna.

7. La virtud en Aristóteles, Kant y MacIntyre (cortesía de Allen W. Wood).

Una de las oposiciones más comunes en nuestras días, al hablar de ética, es la que se hace entre Aristóteles y Kant. No obstante, tal dicotomía es artificiosa y es una de las más excelsas labores de este blog colaborar a un mejor entendimiento del pensamiento de ambos autores.

Ver también:

Allen Wood y la nueva aurora del pensamiento ético kantiano.

6. Una carta de Somos, el (infame) Museo de la Memoria, y la dignidad humana.

Considero de suma importancia el aporte que puedan hacer los conceptos de una teoría ética a problemas de actualidad, de tal forma que podamos pensarlos mejor. Esta entrada es un intento precisamente de eso.

Ver también Mario Vargas Llosa y la legalización de las drogas.

5. Un héroe kantiano.

No existe un abismo entre la racionalidad y nuestras emociones, pues estas últimas sirven en muchos casos precisamente como razones. La ética kantiana, contraria a su imagen más común, es perfectamente consciente de esto.

Ver también:

Guía práctica para ser kantiano hoy (cortesía de Allen W. Wood).

¿En qué consiste la buena voluntad?

Actuar por deber (y no meramente conforme al deber).

4. Racionalidad y cosmopolitismo (o un post sobre Kant y los estoicos).

El estoicismo ha tenido una presencia fuerte en este blog durante la segunda parte del año, y no podría ser para menos.

Ver también:

Pensamientos de aurora.

Racionalidad y sociabilidad.

3. Aplicando la ley moral (u otro post sobre Battlestar Galactica y robots).

Battlestar Galactica es una de las mejores series de televisión, y en buena parte gracias a la profundidad con la que abordan una serie de problemas éticos. Double win para este blog.

Ver también:

Matar robots como un crimen en contra de… la humanidad.

Marvelman #16 (o por qué no ser irracionales).

2. Máximas.

Mi libro del año ha sido sin lugar a dudas Kant: A Biography, de Manfred Kuehn. Este es la primera entrada que hice al respecto, y luego vendrían muchas más, incluidos también los versos con los que termina el libro y que resumen perfectamente la personalidad del filósofo de Königsberg.

Ver también:

Reflexiones de Kant sobre el significado de la vida.

Sobre las creencias religiosas de Immanuel Kant.

El “otro” giro copernicano de Kant.

1. Valor social vs. dignidad (o sobre experimentos de tranvías).

La historia de nuestra especie se puede pensar desde el conflicto entre el valor social, culturalmente adquirido, con el reconocimiento de la dignidad absoluta inherente a todo ser racional.

Ver también:

El mes morado y Alianza Lima (o pensando la tradición desde MacIntyre y Rawls).

El “giro” de John Rawls (o sobre un falso debate entre comunitaristas y liberales).

Mención honrosa: la entrada que actualizó el nombre del blog.

Y eso es todo.

Marvelman #16 (o por qué no ser irracionales)

Observemos la siguiente imagen (para verla ampliada, ábranla en una pestaña nueva, y luego háganle click ):

La escena final de Marvelman (de Alan Moore).

Marvelman empezó con haciendo alusión a la idea de superhombre de Friedrich Nietszche. En la imagen vemos efectivamente a un hombre perfecto —al margen de si la creación de Alan Moore le hace justicia al concepto nietzscheano— preguntándose cómo alguien, pudiendo serlo también, decide no hacerlo.

Cada integrante de la especie Homo sapiens es imperfecto genéticamente. En el universo del comic se postula la posibilidad de convertirnos en nuestra versión perfecta, capaz de realizar nuestras capacidades al máximo.

Dejando de lado la filosofía de Nietzsche, Immanuel Kant creía que sólo la especie humana en su conjunto, a lo largo de muchas generaciones, es capaz de realizar su potencialidad, y nunca un espécimen de la misma por sí solo. Esto es sin duda una tesis antropológica, y podríamos pensar un mundo en que tales circunstancias se alteren, como es el caso que nos plantea el comic.

En ese caso, ¿sería preferible que el ser humano evolucione a este nuevo estado? ¿O a lo mejor hay algo perfecto en la imperfección?

Visto desde otro lado, el inicial supuesto superhombre de Nietzsche se nos revela como el hombre virtuoso perfectamente racional de Kant. Hay que aclarar que el hombre como Kant lo entiende no puede nunca llegar a tal estado, sino sólo aproximarse.

La ciencia-ficción del comic abate tal imposibilidad, y asume que efectivamente este nuevo superhombre puede ser perfectamente virtuoso y racional (o en otras palabras, propiamente moral, como infiero de la realización utópica que comenté hace varios meses, y que también pertenece a este último número).

Nuestra racionalidad nos exige, pues, que seamos racionales. Podemos, por supuesto, ignorarla a veces, o incluso la mayoría de veces, y en esa aproximación consiste la virtud. Si tuviésemos una ruta fácil, no obstante, como ya se aludió, ¿tendríamos algún motivo para no tomarla?

Si es que hay efectivamente alguna razón para no tomar tal camino, ¿acaso esto no hace manifiesta la farsa que es la realidad a la que supuestamente aspiramos?

La pregunta es: ¿por qué el hecho de que seamos capaces de usar la razón nos exige que tengamos que efectivamente usar la razón?

¿Por qué no ser irracionales?

El hombre perfecto se pregunta.

El final.

Para los dos números anteriores, entren a este post. Para ver cómo empezó todo, entren acá. Y para una fugaz aparición de Martin Heidegger y Adolf Hitler (coincidentemente —o no— en el mismo número) entren aquí.

¿Será esto lo último de Marvelman en este blog? O a lo mejor la continuación de Neil Gaiman retoma efectivamente esta problemática…

(El final de) Marvelman

No es conforme al deber prometer algo para luego, pudiendo cumplirlo, no hacerlo.

Prometí colgar los dieciséis números de la saga de Marvelman, de Alan Moore, en mi blog original O lo uno o lo otro, para después del cuarto número pasarlo a La Buena Onda. Sin embargo, me quedé en el número 13, pues hace ya como un año tuve un cambio de computadora y el Windows 7 no reconoció mi disco duro portátil. Pero ahora sí lo reconoce, después de varios meses, más o menos.

Bueno, lo que importa es que voy a postear los tres números restantes. Y en este blog porque fue aquí donde lo mencioné por primera vez (y porque O lo uno o lo otro anda descuidado).

Pondré ahora mismo los números 14 y 15, y guardaré el último para dentro de unos días, lo que me dará tiempo para preparar un comentario “filosófico” apropiado.

Para descargarlos, hagan click en en las respectivas portadas.

El esperado #14.

El espeluznante #15.

Y casi me olvido, para los números previos entren acá.