Mes: enero 2010

O lo uno o lo otro

O lo uno o lo otro es una de las más famosas obras del filósofo y teólogo danés Søren Kierkegaard. “O lo uno o lo otro” es también el nombre de mi primer blog, de temas variados, cuya dirección se prestó del nombre original en danés:

http://enten-eller.blogspot.com/

Portada del libro en su idioma original.

Habiendo movido, sin embargo, el blog a WordPress.com—ahora lo pueden encontrar en http://olounoolootro.wordpress.com/ —, se me ocurrió conmemorar este cambio refiriéndolos a dos citas de la obra de Kierkegaard, como están presentes en la blogósfera peruana desde hace más de dos años: O lo uno o lo otro, perteneciendo cada una a una parte distinta de tan compleja y excelente obra.

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Un robot Descartes

En numerosos cuentos, Isaac Asimov presenta un futuro próximo en el que la robótica se ha desarrollado de tal forma que se ha creado una verdadera inteligencia artificial, en la forma de un cerebro positrónico.

Este cerebro empieza en una forma bastante básica, con robots incapaces de hablar, y únicamente capaces de efectuar trabajo manual bajo supervisión. Sin embargo, en su cuento Reason, dos agentes de U. S. Robots se ven en la situación de probar un nuevo prototipo, supuestamente más avanzado y capaz de dirigir a otros robots, tanto como de llevar a cabo tareas sumamente precisas y teóricas.

Tras una semana de haberlo ensamblado en una estación espacial habitada exclusivamente por los dos humanos (junto con varios otros robots), el nuevo robot, QT1 (léase cutie), se ve conflictuado ante al origen de su propia existencia, y se rehúsa a aceptar que ha sido creado por humanos (a los que ve como inferiores), para luego exclamar que pretende razonar al respecto, pues “una cadena de raciocinio válida sólo puede concluir con la determinación de la verdad”.

Después de dos días de total introspección, QT1 sostiene: “Empecé con la única asunción segura que me sentí permitido de hacer. Yo, existo, porque pienso”.

“¡Por Jupiter, un robot Descartes!”, es la respuesta de uno de los humanos.

¿Los robots existen porque piensan?

Y es que QT1 operaba con la confianza de ser capaz de poder deducir la Verdad desde Causas a priori, por lo que tampoco se veía persuadido por los numerosos libros de los humanos, que consideraba contenían explicaciones artificiales para seres no capaces de obtener directamente la Verdad; esta pretensión resulta entretenida si la vemos en un robot—cosa que Asimov logra a la perfección—, pero no debemos olvidar que tiende a aparecer también en los humanos, donde resulta en cambio bastante molesta.

Ciertamente el uso de la razón efectuado por QT1 es válido, mas debe estar sometido a un uso más amplio y superior, el de la comunicación basada en razones, lo que permite la existencia de una comunidad científica, y por supuesto, también ética.

Mario Vargas Llosa y la legalización de las drogas

Sombrío (literalmente) Mario Vargas Llosa.

No suele pasar muy seguido que esté de acuerdo con algo que diga el laureado escritor peruano-español, como fue el caso con sus últimas declaraciones a favor de la legalización delas drogas (asumo se refiere a las drogas más problemáticas, como la cocaína y la heroína, y no sólo a la marihuana).

Sin embargo, y como era de esperarse, rápidamente “expertos” consultados por el diario La República salieron a “refutar” al escritorme pregunto que habrán dicho los “expertos” de El Comercioy considero importante abordar rápidamente ambas críticas.

La primera, esbozada por Fabián Novak, es tan pobre que la menciono sólo para que quede expuesta una vez más: sostiene que la propuesta es irreal porque está basada en un supuesto europeizado que no existe en nuestro país. Y es que efectivamente no existe a menos que sea propuesto y puesto en debate, y para eso la crítica de Novak se desvanece.

La segunda, igualmente pobre, pero más interesante desde el punto de vista de un debate ético, expuesta por María Méndez, sostiene que las drogas son inherentemente malas, y por eso no tiene sentido legalizarlas. El problema en su argumentación radica en que se le otorga un carácter moral a una sustancia, cuando lo que importa realmente es el uso que se le da a la sustancia. Según su argumento, cualquier sustancia que potencialmente “deteriora y destruye a la persona” debería ser ilegal, lo que incluye obviamente a drogas como el alcohol y el tabaco.

Su argumento moralista debe ser refutado con argumentos de carácter ético, como, por ejemplo, decir que una sociedad en la que los individuos no se autodestruyen con las drogas por decisión propia es preferible a aquella en la que no lo hacen porque simplemente no pueden comprarlas. ¿Es ingenuo pensar eso? Por supuesto que no. ¿Acaso si las drogas fueran legalizadas, las personas más decentes de la sociedad correrían a comprarlas y volverse adictos?

¿Existen verdaderamente "victorias" en la guerra contra el narcotráfico?

Y sobre este punto entran muy bien los argumentos de Mario Vargas Llosa, que apunta al verdadero escándalo: miles de millones de dólares son invertidos por los Estados en armamento para combatir a las mafias, creando un círculo vicioso de violencia que ni siquiera impide que existan personas degeneradas por las drogas, que muy irónicamente son abandonadas por los Estados que pretenden protegerlas. ¿Y todo esto por qué? Para que personas como María Méndez puedan dormir tranquilas sabiendo que están combatiendo el mal.

Los motivos son ciertamente más complejos, y los refiero nuevamente a la columna original del autor.

Finalmente, en este blog ya se publicó una propuesta coherente respecto a las drogas en la sociedad, por nada menos que Alan Moore, en el artículo La utopía de Alan Moore, que aboga por campañas de educación e informativas basadas en información honesta sobre el tema, así como un fuerte inversión en ayuda para los adictos, que resultaría siendo ridículamente menor a la que actualmente se invierte en violencia.

El logos heraclíteo

En vista que estaré de jefe de práctica del curso de Filosofía Antigua este ciclo de verano en la PUCP, pueden esperar un mayor énfasis durante las próximas semanas en temas respectivos, empezando con este breve post, en el que comparto uno de mis fragmentos favoritos de Heráclito (el 50), que tiene como principal protagonista al logos, probablemente el concepto más rico de la filosofía antigua, y sobre el cual tengo ya algunas ideas controversiales.

Ahí va.

Tras haber escuchado al logos y no a mí es sabio estar de acuerdo en que todas las cosas no son sino una.

No me pregunten de dónde salió la traducción.

Estreno, además, la subcategoría “Antigua” dentro de “Filosofía”.

Modesto Top 10 de entradas y balance del año 2009

Hay muchas cosas que quiero mejorar, empezando por la calidad y cantidad de los posts más serios, que pretendo incrementar en ambas áreas sustancialmente este nuevo año, que entro de vuelta en completo modo académico.

No obstante, este primer año (o mitad de año) ha sido sin duda auspicioso, y me pareció prudente crear este Top 10 ó suerte de resumen del primer año.

Su servidor bloguero, Zimmerman, dispuesto a celebrar, en desactualizada foto.

10. Marvelman como el superhombre de Nietzsche.

Cuando empecé el blog pensé dedicarlo exclusivamente a artículos “serios”, pero rápidamente me di cuenta de que aquello era un error, y este fue el primer post del blog que se encargó de iniciar una línea que usara de base material no estrictamente filosófico, y de una forma más casual y amena.

Para un controversial post en el que Nietzsche es fuertemente criticado—y con razón—por Allen W. Wood, véase Contra Nietzsche – II.

Y para otros tres artículos de similar estructura, y relacionados con el comic y la literatura, véase:

La utopía de Alan Moore.

¿El fin justifica los medios?

La utopía de H. P. Lovecraft.

9. Algunas observaciones sobre las bases del conocimiento científico.

Una de las cosas que pretendo cambiar en el blog es darle mayor variedad, y este artículo sobre un excepcional texto de Erwin Schrödinger servirá como paradigma.

8. Algunos comentarios sobre la Mesa Redonda de Watchmen.

Una significativa parte del blog este año circuló en torno a mi participación en el simposio de estudiantes del 2009 que tuvo como tema eje el comic Watchmen, y este post no sólo recoge mis impresiones finales, sino que enlaza a las distintas ponencias que constituyeron la mesa.

7. Reflexionando sobre dilemas morales: El aborto.

La filosofía práctica o ética aplicada es probablemente mi área favorita, y este artículo fue mi primer intento serio de abordar un problema actual desde las herramientas que una teoría ética pueda aportar.

Fue rápidamente seguido de un segundo artículo: ¿Qué puede aportar la ética kantiana al actual debate sobre el aborto?

6. Razón práctica.

Es uno de los objetivos del blog ayudar a demoler muchos de los prejuicios en torno a la filosofía moral y persona de Immanuel Kant, y este artículo sobre la razón práctica, concepto tan maleado y malentendido (pues suele entenderse identificarse totalmente con la razón pura práctica),  trata de aterrizar un poco las implicancias de lo que resulta ser en buena medida el corazón de la ética kantiana.

Como complemento véase el post Kant sobre la sabiduría (práctica), al igual que Kant sobre la embriaguez.

5. Repensando la vida y la muerte.

Primera entrada dedicada a Peter Singer, controversial filósofo, y uno de los principales exponentes en temas de bioética.

Su presencia en este blog se expandió al primero de los artículos sobre el aborto, al igual que a un artículo dedicado al especismo.

4. Kantian Ethics.

Máximo referente del blog durante el 2009, el actual y excelente libro de Allen W. Wood se encuentra para descargar como referente virtual en este blog, aunque se recomienda altamente su adquisición para cualquiera interesado en la ética kantiana, así también como en el debate ético contemporáneo.

3. Sobre la diferencia que hay entre la doctrina de los filósofos y sus propias opiniones.

Es necesario hacer énfasis en la importancia de la presencia de Allen W. Wood en este blog, con sus—siempre impecables—aportes, no sólo en torno a la ética kantiana, sino sobre muy variados en importantes temas, como es el caso de este post.

También véase el artículo ¿Cómo entender mal a Kant? Cortesía de Alasdair MacIntyre y el post (ir)Racionalidad.

2. Cosmopolitismo según Isaac Asimov.

Probablemente el segundo post más visto de este blog es este post sobre Isaac Asimov, que consiste básicamente de una cita de su autobiografía.

Es ciertamente un objetivo para este nuevo año brindarles artículos más ricos sobre el pensamiento de una de las mentes más brillantes que han existido.

Pueden complementar con este breve y entretenido post sobre política práctica.

1. El imperativo categórico en la ética kantiana.

El artículo que dio inicio al blog, y que inició la consecuente serie de cuatro artículos sobre el tema. Me parece que dejan mucho que desear, todavía, pero planeo eventualmente volver a ellos y mejorarlos, pues constituyen la principalmente de visitas y han sido enlazados hasta por el syllabus de una universidad extranjera.

Una carta de Somos, el (infame) Museo de la Memoria, y la dignidad humana

Uno de los “debates” más irritantes de nuestro entorno es el que ha surgido y se ha ido llevando a cabo en la prensa más liberal sobre la construcción del Museo de la Memoria, y sus implicaciones. Por lo general, me he hecho un hábito ignorar los debates en los que por lo menos una parte se caracteriza por no escuchar a la otra, pero finalmente decidí aportar un poco, después de leer la siguiente carta, y tratar de sacar a la luz los valores que están de fondo, acudiendo a ciertas ideas éticas.

Primero, veamos la carta publicada en la revista Somos hoy, que reproduzco en su integridad, y puesto que forma parte del debate público, dejo el nombre de su autor.

Sangre derramada

Lima, enero de 2010

Me causa estupor la afirmación hecha por la Defensora del Pueblo, Beatriz Merino (Somos 1204), respecto de las personas que por distintas razones, tienen opiniones encontradas con la creación del Museo de la Memoria, cuando dice que los que se oponen “tienen las manos manchadas de sangre”. Evidentemente la Doctora Merino, a quien siempre he respetado, no ha sufrido en carne propia el flagelo de la guerra que se libró y que le costó la vida a más de 25 mil peruanos, sin hablar de las multimillonarias pérdidas económicas y atraso que todos esos lamentables años, costaron al país. O por lo menos, ella no está siendo capaz de ponerse en los zapatos de las personas que vivieron la desgracia que les tocó vivir, por poner un ejemplo, a los vecinos de la calle Tarata en Miraflores. Afortunadamente, a mí tampoco me tocó pasar por ese trance, sin embargo, sería incapaz de calificar, como ella lo hace en su afirmación, a quienes se oponen a la creación de ese museo. Sería incapaz de llamar casi asesinos a las miles de viudas, viudos, huérfanos, y minusválidos que ha dejado esa desastrosa guerra y que con legítimo derecho se oponen a la creación de un museo que, de una u otra forma será un durísimo golpe a los miles de peruanos, militares, policías, ronderos o civiles de a pie, que de alguna manera lucharon contra sendero.

JOSÉ ANTONIO CASTILLA MARTÍN

DNI 09381789

Comprenderíamos la indignación del lector si el Museo de la Memoria no fuera a ser también un recinto de homenaje a los policías y militares caídos durante la guerra contra el terrorismo. Todo lo contrario, se honrará como se merece a quienes combatieron el terror, no así a quienes cometieron excesos, y los hubo. Y eso ni siquiera lo niega el actual ministro de Defensa.

La respuesta es sin duda suficiente, en el sentido que corrige objetivamente muchos de los prejuicios del autor de la carta. No obstante, me parece que la respuesta no explicita el problema de fondo, cosa que no he visto a lo largo de todo el debate, quizás por la necesidad de ser políticamente correctos, o por evitar un debate frontal, con una parte opositora que ciertamente no tiene disposición a argumentar.

El problema de fondo, me parece, es que la posición opositora al Museo de la Memoria no reconoce la dignidad inherente a toda persona, idea que implica respetar la vida de los terroristas de forma básica, lo que obviamente no significa que en pleno combate no puedan ser exterminados.

Pero como puede percatarse cualquiera que sepa algo de la guerra interna que azotó al Perú en las décadas finales del siglo XX, Sendero Luminoso no se caracterizó por participar en un combate frontal, sino que se camufló en población inocente, lo que generó que, al no respetarse ni siquiera de forma básica la vida de los terroristas, el Estado terminara por asesinar a miles de civiles inocentes, por pura incompetencia e indiferencia.

Fosa común en Putis, Ayacucho.

Así, las personas que se caracterizan por considerar a sus pares de forma tan simple como “buenos” o “malos”—”blanco” o “negro”, en términos todavía más burdos—no pueden empezar a concebir que algunos militares y policías, o en otras palabras, cierta parte del Estado (que incluye de forma compleja también a la población, o sea, nosotros), sea responsable de la muerte de una significativa porción de las víctimas (muchas más que las del MRTA, por ejemplo), pues ellos son los buenos, y de esta forma se ven obligados a sostener absurdos tan grandes como la misma negación de esas víctimas, expresada en el “25 mil”.

No resulta extraño que para evitar controversias, no suela decirse de forma clara que el Museo de la Memoria, al igual que la CVR, defiende la vida de los terroristas, en tanto han sido exterminados injustamente, pues ciertos derechos fundamentales no distinguen entre buenos y malos, por más que a las mentes más simples les duela siquiera pensarlo.

En una cosmovisión que toma en cuenta las complejidades morales de la realidad en que vivimos, afirmaciones como las del párrafo anterior no atentan en lo absoluto en contra de las víctimas que sufrieron en carne y hueso los más atroces tormentos, sino que justamente los reafirma de forma esencial.

Para terminar veamos lo que Allen W. Wood, paladín de este blog, tiene que decir sobre la idea de dignidad kantiana y su presencia (o falta de) en la actualidad.

Él [Kant] afirma que [el estatus moral de la naturaleza racional en las personas] tiene “dignidad” (Würde). El significado tradicional de este término involucra identificar a ciertas clases de personas como poseyendo un determinado estatus social que los hace superiores a otros. Tal vez ahora nos hemos acostumbrado a la extensión que Kant hace del término para todos los seres humanos, mas no deberíamos fallar en notar en la afirmación de Kant el carácter desafiante y paradójicamente igualitario que implica sostener que el valor más alto posible que un ser humano puede tener consiste en un valor que todos poseen por igual — ya sean bien nacidos o no, ricos o pobres, inteligentes o estúpidos, incluso buenos o malos. Esta igualdad radical, fundada en la concepción de todo ser humano como un agente racional autónomo, es la idea fundamental de la ética kantiana. El potencial de esta idea de transformar nuestras relaciones los unos con los otros está todavía lastimosamente lejos de realizarse, y sus implicaciones todavía no han sido propiamente pensadas consistentemente[1].

Para una presentación introductoria sobre el concepto de dignidad y humanidad en Kant, vean este artículo.


[1] Allen W. Wood, Kantian Ethics (New York: Cambridge University Press, 2008). La traducción es mía, y corresponde a la página 94.

Una respuesta a la pregunta: ¿Qué es el existencialismo?

Me parece que hay dos formas muy distintas, pero paralelas, de explicar qué es el existencialismo. La primera—y más efectiva—consiste en representar ciertas actitudes humanas en obras literarias o de teatro; en este primer ámbito, escritores de la talla de Albert Camus y Jean-Paul Sartre se destacan, con obras como Calígula, Los posesosEl diablo y Dios, Los secuestrados de Altona, El extranjero, entre muchas otras.

La segunda forma es de carácter conceptual, y me parece, debiera ser bastante limitada y ateniéndose a lo esencial. Nunca entenderé por qué Sartre se mandó a escribir El ser y la Nada (probablemente por la influencia de Martin Heidegger), pero me parece que con un libro así traiciona la simpleza (propia de la sabiduría) de su obra literaria.

Una forma simple de explicar la cuestión.

Dejando eso de lado, quisiera compartir una cita de Temor y temblor, de Søren Kierkegaard, que es considerado uno de los principales precursores del existencialismo, pero escrita bajo el pseudónimo de Johannes de Silentio, al que bien se le podría reconocer un pensamiento distinto que el del mismo Kierkegaard. La cita es mi favorita de la obra, y fue parte central de un ensayo mío ya publicado en este blog.

Aquí va.

La fe consiste precisamente en la paradoja de que el Particular se encuentra como tal Particular por encima de lo universal, y justificado frente a ello, no como subordinado, sino como superior. Conviene hacer notar que es el Particular quien después de haber estado subordinado a lo universal en su cualidad de Particular llega a ser lo Particular por medio de lo universal; y como tal, superior a éste, de modo que el Particular como tal se encuentra en relación absoluta con lo absoluto. Esta situación no admite la mediación, pues toda mediación se produce siempre en virtud de lo universal; nos encontramos pues, y para siempre, con una paradoja por encima de los límites de la razón.

La cita es para leerla una y otra vez, y ciertamente se pueden extraer muchas interpretaciones de la misma; mas yo expondré únicamente la mía.

Si identificamos el absoluto con el carácter absurdo de la existencia humana—bien expresado por Allen W. Wood en la cita que se encuentra como presentación en la columna derecha del blog, que señala a la naturaleza humana como producto de un mero accidente cósmico—, tenemos que el existencialismo no es una refutación de la ética universalista (tal como la entiende Immanuel Kant), sino que sólo se entiende desde aquella.

¿Somos todos producto de un mero accidente cósmico?

No funciona esta conciencia (del carácter absurdo de toda existencia humana) como una nueva fundamentación de la moral, sino que la enriquece, pues sólo podemos superar el universal mediante él mismo. No sirve esta “relación absoluta con lo absoluto”, entonces, para justificar excepciones en la ética, aniquilándola, sino que de alguna forma la hace auténtica, pues la ley moral no tiene ningún poder sobre nosotros, salvo el que queramos darle (lo que no significa que su existencia dependa de nuestra voluntad).

Y eso es todo por hoy.