Kant sobre la embriaguez

Tres hechos separados me han llevado a elaborar este artículo, y procederé a enumerarlos. En primer lugar, tuve hace varios días un intercambio de comentarios con Gonzalo Gamio en su blog Política y mundo ordinario, en un post sobre el conflicto de deberes en la ética de Kant, y una frase suya me quedó dando vueltas, quizás de manera algo superficial, en la que afirmaba que Kant “no era amigo de consideraciones prudenciales”.

En segundo lugar, hace unos días el blog Mente Filosófica, del cual no sé mucho, publicó un post sobre el alcohol, y su aceptación social como droga, y me hizo recordar el lugar que le da Alan Moore a las drogas en su utopía.

Finalmente—y en realidad, principalmente—he estado leyendo casualmente un libro de Kant que compré hace ya varios años, y me parece que está verdaderamente excelente, y da luz sobre la personalidad de su autor de forma más completa y profunda que muchas de sus obras más conocidas.

Me refiero a Antropología en sentido pragmático[1], obra que Kant recopiló tardíamente basada en sus apuntes de clase sobre su altamente popular curso de Antropología.

Immanuel Kant, antropólogo.

Immanuel Kant, antropólogo.

Hablando sobre la imaginación, en un momento Kant pasa a examinar la variación de aquella en tanto es influenciada por “un medio corporal”, y se refiere a las “sustancias productoras de embriaguez”.

Procederé, pues, a colocar una selección de citas de esa sección, y comentarlas. Empecemos.

Toda embriaguez muda, esto es, aquella que no aviva la sociabilidad y la recíproca comunicación de pensamientos, tiene de suyo algo afrentoso; tal es la del opio y la del aguardiente. El vino y la cerveza, de los cuales el primero es meramente excitante, la segunda más nutritiva y parecida a un alimento, provocan la embriaguez sociable; hay, empero, la diferencia de que las orgías de cerveza son más soñadoramente herméticas, frecuentemente también groseras, mientras que las del vino son alegres, ruidosas y de chistosa locuacidad.

Debe quedar claro, a primera vista, que Kant, lejos de condenar dogmáticamente toda forma de embriagarse (cosa que sería ridícula), apunta a la moderación, y no se hace problemas en diferenciar los tipos de sustancias y señalar sus distintas consecuencias, cosa que hace con sorpresiva exactitud al caracterizar la diferencia entre las “orgías” de cerveza de las del vino; aunque, por supuesto, generalizando.

El beber desata la lengua (in virtus disertus). Pero también franquea el corazón y es el vehículo material de una cualidad moral, a saber, la franqueza. La reserva en los propios pensamientos es para un corazón puro un estado opresivo, y unos bebedores jocundos no toleran fácilmente que nadie sea en medio de la francachela muy moderado; porque representa un observador que atiende a las faltas de los demás, pero reserva las suyas propias. También dice Hume: «Es desagradable el compañero de diversión que no olvida; las locuras de un día deben ser olvidadas para hacer lugar a las del otro». En la licencia que el varón tiene para rebasar un poco, y por breve tiempo, en gracia a la alegría colectiva, los límites de la sobriedad, se da por supuesta la bondad del corazón […]

Esta segunda cita puede exaltar a muchos, pues Kant afirma que el alcohol sirve de vehículo material de una cualidad moral, cosa que no debería impactarnos de poseer un conocimiento menos sesgado de su ética, pues no genera esta afirmación contradicción alguna con sus escritos más formales.

Además, personalmente, percibo un carisma que sólo puedo atribuir a que Kant habla desde su propia experiencia (recordemos que no se sabe mucho de sus años de juventud, pero sí que hasta en su vejez, era muy adepto a las reuniones sociales),  y que se muestra más intenso en la siguiente cita, que seguro les robará cuanto menos una ligera sonrisa.

¿Se puede averiguar mediante la bebida el temperamento del hombre que se emborracha o su carácter? Yo creo que no. Se ha mezclado un nuevo líquido a los humores que circulan en sus venas y actúa sobre sus nervios otro estímulo, que no descubre más claramente la temperatura natural, sino que introduce otra. De aquí que entre los que se embriagan el uno se presente enamorado, el otro grandilocuente, un tercero pendenciero, un cuarto (principalmente con cerveza) se pone llorón, o le da por rezar, o se queda mudo; pero todos se reirán, cuando hayan dormido la borrachera y se les recuerden sus discursos de la noche anterior, de aquel singular temple o destemplanza de sus sentidos.

Me parece que, lejos de esperar que la ley moral sea aplicada a juzgar casos concretos o costumbres de distintos tiempos y culturas, con odiosas pretensiones universales, como si nosotros nos librásemos de cualquier error, ésta debe ser más bien usada de forma inteligente e interpretativa en una Antropología.

Terminemos con una cita que corresponde al prólogo de la obra.

Todos los progresos de la cultura a través de los cuales se educa el hombre tienen el fin de aplicar los conocimientos y habilidades adquiridas para emplearlos en el mundo; pero el objeto más importante del mundo a que el hombre puede aplicarlos es el hombre mismo, porque él es su propio fin último.

Cualquier parecido con la úndecima tesis sobre Feuerbach no es pura coincidencia.


[1] Immanuel Kant, Antropología en sentido pragmático (Madrid: Alianza Editorial, 2004).

4 comments

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s