Mes: mayo 2010

Allen W. Wood y la nueva aurora del pensamiento ético kantiano

Considero uno de los escándalos más grandes de la filosofía la forma usual en la que ha sido interpretado el pensamiento ético de Immanuel Kant, constante que data desde los mismos días en que fue publicada la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, allá por 1785, y consolidada en buena parte por las críticas de Hegel, contra su supuesto formalismo.

Nada se puede hacer contra esa visión excesivamente parcializada de autores como Alasdair MacIntyre, que no pasan de una lectura rápida de las primeras páginas de la Fundamentación, pero sería ingenuo pensar que desde los días de Kant no han habido numerosas interpretaciones que le hagan justicia a su pensamiento (aunque ciertamente han sido un número reducido en comparación).

No obstante, hasta finales del siglo XX—y, por supuesto, hasta donde llega mi finito conocimiento sobre el tema—no existió una interpretación completa de todo el pensamiento ético de Kant, esto es, una que le dé la importancia sistemática que se merece a los escritos históricos y antropológicos del filósofo de Königsberg. Y es que todos sabemos que existen Idea para una historia universal con una mira cosmopolita, Hacia la paz perpetua, Antropología desde una perspectiva pragmática, entre otras obras, pero por una suerte de inercia intelectual, incluso pocos simpatizantes de Kant se han preguntado qué conexión tienen estos escritos con, por decir un ejemplo, los últimos párrafos de la primera sección de la Fundamentación.

En 1999, pues, se publicó Kant’s Ethical Thought, del estadounidense Allen W. Wood (y que debe diferenciarse de Kantian Ethics, posterior obra del mismo Wood), y constituye el primer estudio sistemático del pensamiento ético de Kant que le otorga un reconocimiento igual de importante a la parte metafísica y a la antropológica (como puede apreciarse en el índice de la obra).

Recién ha empezado mi estudio del libro (ciertamente más avanzado que Kantian Ethics), pero desde ya quisiera señalar un ejemplo (y espero posteriormente mostrar muchos más) en el que esta obra integra la parte metafísica con la antropológica logrando una interpretación más coherente (y discutiblemente más fiel al pensamiento del mismo Kant) sobre ciertos aspectos problemáticos y bastante discutidos.

Veamos la siguiente cita:

En la Fundamentación Kant dice prominentemente: “El ser humano siente dentro de sí mismo un poderoso contrapeso a todos los mandatos del deber, . . . el contrapeso de sus necesidades e inclinaciones” (F 4:405). Tales comentarios han servido como punto de partida para ataques a la posición de Kant, empezando con aquellos sobre el “rigorismo” y “formalismo” de Kant por racionalistas más moderados (como Schiller y Hegel). La psicología moral de Kant se presenta como un blanco relativamente fácil en la forma abstracta que asume en sus trabajos éticos fundacionales, donde puede ser asociada con su metafísica de “los dos mundos” del ser, y atribuida con culpa a su historia personal pietista o a la tradición estoica ética que Kant parece representar. Las críticas son más difíciles de elaborar si la sospecha de Kant sobre los deseos naturales es vista a la luz de su teoría empírica de la naturaleza humana desarrollada en sus escritos de antropología e historia. Incluso ahí, la visión de Kant sobre estos puntos será todavía considerada por muchos como extrema (o simplemente desagradable). Pero ya no podrá ser rechazada de la misma forma condescendiente. Pues la desconfianza de las inclinaciones (o deseos naturales) en el racionalismo de Kant no es sobre una hostilidad a algo tan inocente como la “finitud” o “los sentidos” o “las emociones” o “el cuerpo”. La atención está puesta en vez sobre el (muy lejos de ser inocente) carácter social que los deseos naturales deben asumir en el proceso natural mediante el cual nuestras facultades racionales se desarrollan en la historia[1].

De esta forma, las razones que tiene Kant para oponer razón e inclinaciones, así como la necesidad de que aquella mande sobre estas últimas, “no están derivadas a priori desde la concepción de metafísica y moralidad de Kant, sino que son de carácter empírico y antropológico”[2].

Esto podrá sonar poco convincente para quienes tengan poco conocimiento de los escritos históricos y antropológicos de Kant, y precisamente por esto se volverá una nueva tarea de este bloguero difundirlos.

¡Kantianos de todo el mundo, únanse!


[1] y [2] Allen W. Wood, Kant’s Ethical Thought (New York: Cambridge University Press, 1999). La imperfecta traducción es mía, y pertenece a las páginas 250 y 251.

Kant sobre la libertad (en sentido jurídico)

Es un lugar común definir la libertad como la capacidad de hacer lo que queramos siempre y cuando no hagamos mal a nadie, resumida en el refrán: nuestra libertad termina en donde empieza la de otro.

Sin embargo, para el gran filósofo Immanuel Kant, dicha definición sufre por falta de claridad, y en realidad no nos dice nada.

Construyendo la libertad.

Veamos su análisis, extraído de una nota al pie de su célebre obra Hacia la paz perpetua.

La libertad jurídica (y en esa medida, externa) no puede definirse, como suele hacerse por convención, como el estar autorizados a hacer lo que uno quiera, siempre y cuando no se haga daño a nadie. Pues, ¿a qué nos referimos con estar autorizados? La posibilidad de una acción, siempre y cuando no hagamos daño a nadie en el actuar. La definición de libertad sería entonces la siguiente: la capacidad de actuar de forma que no le hagamos daño a nadie. Uno no le hace daño a nadie (podemos hacer lo que sea que queramos), sólo en la medida que no le hagamos daño a nadie: esto es, una mera tautología. Mi libertad externa (jurídica) debe ser descrita de esta forma: como la autoridad de no obedecer ninguna ley exterior salvo aquellas a las que he sido capaz de otorgarle mi consentimiento[1].

Al igual que la libertad interna, propia de la moral, la libertad (externa) se entiende mejor como estando sujeta a una legislación.


[1] Immanuel Kant, Toward Perpetual Peace and Other Writings on Politics, Peace, and History (New York: Yale University Press, 2006). La cita pertenece a la página 74, y la imperfecta traducción es mía. Me he ayudado de la traducción al español de Joaquín Abellán.

El problema de la libertad del albedrío en la ética kantiana

Basándome en la diferencia que establece Allen W. Wood entre la ética de Kant, teoría ética presente en los escritos del filósofo de Königsberg; y la ética kantiana, la teoría mejor defendible hoy basada en principios del pensamiento de Kant, quisiera señalar una vez más que el fin mejor y más perfecto de este bloguero es desarrollar y difundir lo mejor posible esta última, cosa que por supuesto debe ir de la mano de un mejor entendimiento de la primera.

Así, es la responsabilidad de una teoría ética kantiana saber distanciarse propiamente de ciertas aporías que quedan rezago de la teoría ética desarrollada por Kant, y quisiera mostrar la siguiente distinción que hace Allen W. Wood entre ambas en torno al difícil problema de la libertad, por lo general considerado como uno de los puntos débiles de la ética de Kant.

Un trabajo de ética de Kant debería probablemente contentarse exponiendo las doctrinas [en torno al problema de la libertad del albedrío] de textos particulares, sin hacer un intento de hallar una única doctrina consistente en todos ellos. En contraste, la ética kantiana debería intentar tomar la posición mejor defendible (o, si eso es muy optimista, entonces la menos indefendible) que pueda, en algún lugar del vecindario ocupado sin descanso por doctrinas kantianas sobre la libertad del albedrío[1].

El resultado lo pueden revisar en el capítulo 7 de la obra citada.


[1] Allen W. Wood, Kantian Ethics (New York: Cambridge University Press, 2008). La imperfecta traducción es mía, y pertenece a la página 124.

La cumbia filosófica

Acabo de captar en Facebook este video de “La cumbia filosófica”, de Los Wikipedia, grupo ficticio liderado por el comediante argentino Yayo, mejor conocido por sus chistes, y me resulto imperativo postearlo, así como quien se recupera de ciertas injusticias

¡El silogismo! Y si no lo entienden, son “cortos de letras”.

Entrevista a Sinesio López sobre su apoyo a la candidatura de Ollanta Humala

Un compañero de la Maestría de Ciencia Política me pasó el dato de esta reciente entrevista a Sinesio López, actual profesor nuestro. La entrevista pertenece a la Revista Quehacer, que puede ser leída en línea.

Hagan click en la foto del carismático Sinesio López para acceder a la entrevista completa.

La pregunta que atraviesa toda la entrevista puede ser presentada de forma bastante sencilla: ¿Por qué apoya la candidatura de Humala? Para responderla, sin embargo, Sinesio ofrece un interesante análisis de la coyuntura y de los actuales actores de la escena política. No se la pierdan.

Kant sobre la ¿beneficencia?

En este primero de mayo, día del trabajador, consideré pertinente presentar este post, centrado en una cita de la La metafísica de las costumbres (la obra de ética más importante del filósofo de Königsberg), en el contexto de su exposición del deber moral de beneficencia, entendido como el “ayudar a otros hombres, necesitados a ser felices, según las propias capacidades y sin esperar nada a cambio” (MC 453).

Sin embargo, luego afirma lo siguiente.

La capacidad de hacer el bien que depende de las riquezas es, en su mayor parte, el resultado de que diversos hombres se vean favorecidos por la injusticia del gobierno, lo cual introduce una desigualdad de riquezas que hace necesaria la beneficencia de otros. En tales circunstancias, la ayuda que el rico pueda prestar a los necesitados ¿merece ese nombre de beneficencia, de la que se ufana como un mérito tan a gusto[1]?

Y para un artículo con título parecido, pero sobre un tema completamente distinto, entren acá.


[1] Immanuel Kant, La metafísica de las costumbres (Madrid: Editorial Tecnos, 1989). La cita corresponde a la página 325.