Mes: febrero 2011

Top 10 de entradas 2010

Al igual que el año pasado, me pareció pertinente recopilar las entradas más memorables de este humilde blog a lo largo del año que nos deja. Ya anuncié algunos ligeros cambios hace varias semanas, así que vamos directo a la cuestión:

Si bien me gradué el 2009, que esta foto represente el breve exilio, tanto como el retorno, de este bloguero respecto de la filosofía.

10. Pensamiento Homero.

Nunca falta algo de comic relief.

Ver también Independent Thought Alarm.

9. Un robot Descartes.

Algo que quiero hacer cada vez más es comentar obras de ficción, ya sean de literatura o cine, haciendo uso de conceptos filosóficos. Si bien esta entrada es sobre todo expositiva, demuestra lo bien que le sienta la filosofía a la ciencia ficción.

8. Palabras inmortales.

Esta entrada es breve, y consiste básicamente en una cita de la Apología. No obstante, la fuerza de la misma la coloca en este ranking sin dificultad alguna.

7. La virtud en Aristóteles, Kant y MacIntyre (cortesía de Allen W. Wood).

Una de las oposiciones más comunes en nuestras días, al hablar de ética, es la que se hace entre Aristóteles y Kant. No obstante, tal dicotomía es artificiosa y es una de las más excelsas labores de este blog colaborar a un mejor entendimiento del pensamiento de ambos autores.

Ver también:

Allen Wood y la nueva aurora del pensamiento ético kantiano.

6. Una carta de Somos, el (infame) Museo de la Memoria, y la dignidad humana.

Considero de suma importancia el aporte que puedan hacer los conceptos de una teoría ética a problemas de actualidad, de tal forma que podamos pensarlos mejor. Esta entrada es un intento precisamente de eso.

Ver también Mario Vargas Llosa y la legalización de las drogas.

5. Un héroe kantiano.

No existe un abismo entre la racionalidad y nuestras emociones, pues estas últimas sirven en muchos casos precisamente como razones. La ética kantiana, contraria a su imagen más común, es perfectamente consciente de esto.

Ver también:

Guía práctica para ser kantiano hoy (cortesía de Allen W. Wood).

¿En qué consiste la buena voluntad?

Actuar por deber (y no meramente conforme al deber).

4. Racionalidad y cosmopolitismo (o un post sobre Kant y los estoicos).

El estoicismo ha tenido una presencia fuerte en este blog durante la segunda parte del año, y no podría ser para menos.

Ver también:

Pensamientos de aurora.

Racionalidad y sociabilidad.

3. Aplicando la ley moral (u otro post sobre Battlestar Galactica y robots).

Battlestar Galactica es una de las mejores series de televisión, y en buena parte gracias a la profundidad con la que abordan una serie de problemas éticos. Double win para este blog.

Ver también:

Matar robots como un crimen en contra de… la humanidad.

Marvelman #16 (o por qué no ser irracionales).

2. Máximas.

Mi libro del año ha sido sin lugar a dudas Kant: A Biography, de Manfred Kuehn. Este es la primera entrada que hice al respecto, y luego vendrían muchas más, incluidos también los versos con los que termina el libro y que resumen perfectamente la personalidad del filósofo de Königsberg.

Ver también:

Reflexiones de Kant sobre el significado de la vida.

Sobre las creencias religiosas de Immanuel Kant.

El “otro” giro copernicano de Kant.

1. Valor social vs. dignidad (o sobre experimentos de tranvías).

La historia de nuestra especie se puede pensar desde el conflicto entre el valor social, culturalmente adquirido, con el reconocimiento de la dignidad absoluta inherente a todo ser racional.

Ver también:

El mes morado y Alianza Lima (o pensando la tradición desde MacIntyre y Rawls).

El “giro” de John Rawls (o sobre un falso debate entre comunitaristas y liberales).

Mención honrosa: la entrada que actualizó el nombre del blog.

Y eso es todo.

Karl Marx, Erich Fromm y Jeremy Bentham (o una entrada sobre la naturaleza humana y el principio de utilidad)

Leyendo Ética y Psicoanálisis, de Erich Fromm, me encontré con una interesante cita a El Capital en la que vemos a Marx criticar el erróneo —aunque de todos modos plausible— punto de partida de cualquier teoría ética utilitarista.

En el contexto de una exposición de Spinoza, Fromm señala que “el hombre es para él [Spinoza] un fin en sí mismo y no un medio para una autoridad que lo trascienda” y que “el valor puede ser determinado solamente en relación con sus verdaderos intereses que son la libertad y el uso productivo de sus poderes” (1960: 38).

Es sobre este punto que señala la similitud del pensamiento de Marx con la del holandés, y presenta la siguiente cita de Marx:

[…] si queremos saber qué es útil para un perro, tenemos que penetrar en la naturaleza del perro. Pero a ello no llegaremos jamás partiendo del ‘principio de la utilidad’. Aplicado al hombre, si queremos enjuiciar con arreglo al principio de la utilidad todos los hechos, movimientos, relaciones del hombre, etc., tendremos que conocer ante todo la naturaleza humana en general y luego la naturaleza humana históricamente condicionada por cada época. Bentham no se anda con cumplidos. Con la más candorosa sequedad toma al filisteo moderno, especialmente al filisteo inglés, como el hombre normal. (Marx, citado por Fromm 1960: 38-39 n)

No se trata de volver a un esencialismo que busque establecer algo así como una esencia humana, estática, sino precisamente entender que la naturaleza humana consiste en su indeterminación.

Para una entrada —mmmmm— relacionada ver La momia de Jeremy Bentham.


[1] La referencia completa, tal como está en el libro de Fromm, es: Carlos Marx, El Capital, trad. al español por W. Roces, ed. por el Fondo de Cultura Económica, México, 1946-47, t. I, vol. II, pp. 687 s., nota.

Bibliografía:

FROMM, Erich

Ética y Psicoanálisis. Tercera edición (reimpresión). Traducción de Heriberto F. Morck. México D. F.: Fondo de Cultura Económica, 1960.

¿Qué es Dios? Una concepción existencial, mística y práctica

Desde un punto de partida existencial, lo característico del ser humano es su condición de estar arrojado, esto es, haber trascendido la naturaleza, puesto que “está dotado de razón, es vida consciente de sí misma” (Fromm 1959: 19-20).

Erich Fromm denomina este estado como de “separatidad”[1], que denota una “desvalidez frente a las fuerzas de la naturaleza y de la sociedad”, y vuelve “su existencia separada y desunida una insoportable prisión” (1959: 20). De esta forma, “la necesidad más profunda del hombre es […] la necesidad de superar su separatidad, de abandonar la prisión de su soledad” (Fromm 1959: 21).

La separatidad se supera, así, en la unión con otros seres humanos, y “desde un punto de vista religioso, con Dios” (Fromm 1959: 45).

¿Qué significa experimentar a Dios?

Es en este contexto que Fromm nos brinda una suerte de definición de Dios, pues no pretende, mediante el pensamiento o la observación empírica, brindarnos “afirmaciones acerca de Dios” (1959: 45), sino más bien describir una forma de actuar, de vivir productivamente, de ser en el mundo[2]. Veamos:

La experiencia de la unión […] con Dios, no es en modo alguno irracional. Por el contrario, y como lo señaló Albert Schweitzer, es la consecuencia del racionalismo, su consecuencia más audaz y radical. Se basa en nuestro conocimiento de las limitaciones fundamentales, y no accidentales, de nuestro conocimiento. Es el conocimiento de que nunca “captaremos” el secreto del hombre y del universo, pero que podemos conocerlos, sin embargo, en el acto de amar. (Fromm 1959: 45-46)

Para un par de entradas con una temática similar, ver: Sobre las creencias religiosas de Immanuel Kant y Conceptos religiosos (¿y a la vez racionales?).

Para un par de entradas sobre el mismo libro de Fromm, ver: Una definición ética de la racionalidad y ¿Es posible una fe racional en el progreso de la humanidad?.


[1] En inglés: separateness.

[2] Discúlpenme el lenguaje heideggeriano.

Bibliografía:

FROMM, Erich

El arte de amar. Traducción de Noemí Rosenblatt. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1959.

Once motivos por los que votaré por Gana Perú en estas elecciones

Hago uso de mi razón pública, y en calidad de persona docta, comparto algunas razones por las que votaré por Gana Perú en estas elecciones.

  • Porque en su lista al Congreso incluye a personas de la talla de Javier Diez Canseco, Nicolas Lynch y Félix Jiménez, entre otros.
  • Porque Alejandro Toledo ha demostrado ser un mentiroso, y un voto por él representa un voto complaciente y de continuidad.
  • Porque votar por Keiko Fujimori o Luis Castañeda denota un grado significativo de corrupción moral, o una ingenuidad infantil ocasionada justamente por las condiciones socio-económicas que precisamente ambos candidatos van a mantener (siéntanse libres de estar en desacuerdo, por supuesto).
  • Porque personas del calibre de Sinesio López apoyan —y participan— en su candidatura.
  • Porque diarios como El Comercio y Correo, así como personas de la calaña de Alan García —¿necesito verdaderamente mencionar a alguien más?— están —y confabulan— en su contra.
  • Porque es el único partido —de los cinco primeros— con un discurso coherente en contra de la corrupción, sin lugar a dudas el principal problema que nos asedia.
  • Porque como no podemos predecir el futuro, tenemos que votar por principio; es decir, por las propuestas que consideremos más valiosas.
  • Porque el crecimiento económico que nos venden los políticos —y por supuesto, los medios— no es más que eso: crecimiento económico —y dudoso, encima. Lo que necesitamos es un verdadero desarrollo; por supuesto, siempre ligado a la macroeconomía, aunque nunca dependiente y sometido a aquella. Y si bien es cierto que lo que pueda hacer el Perú como país al respecto está ciertamente limitado por el contexto internacional, eso no afecta en lo absoluto el imperativo moral de hacerlo.
  • Porque al igual que en lo que respecta a la corrupción, Gana Perú es el único partido con la voluntad de hacer algo por el problema ambiental.
  • Porque el imperativo de lograr mejores condiciones de vida para los que menos tienen antecede por mucho la necesidad de expandir la economía a gran escala (ojo que no creo que ambos objetivos necesariamente se opongan).
  • Porque tan sólo leer la frase “JUICIO A GARCÍA” en la propaganda de Diez Canseco devuelve más decencia a la política que todo el discurso combinado del resto de candidatos.

Aclaro que por ningún motivo tengo fe ciega en la persona de Ollanta Humala, a quien considero en buen grado un político mediocre; mas este voto no significa votar por el mal menor, sino porque lo considero cuanto menos un vislumbre de un porvenir mejor entre tanta asquerosidad (el mentiroso Toledo y el gringo PPK incluidos, aunque en menor grado).

Confieso también que no voté por Ollanta Humala en las elecciones del 2006 (y menos todavía por Alan García), aunque ahora considero que debí hacerlo. Además, respecto de Fuerza Social, voté por ellos en las elecciones municipales, pero se hundieron en el discurso de la derecha al no considerar siquiera una alianza con Ollanta Humala, por el tonto afán de mantenerse políticamente correctos.

Para una entrada anterior sobre el tema, ver Entrevista a Sinesio López sobre su apoyo a la candidatura de Ollanta Humala.

¿Es posible una fe racional en el progreso de la humanidad?

Discúlpenme la pregunta retórica.

Erich Fromm distingue entre la fe irracional como “la aceptación de algo como verdadero sólo porque así lo afirma una autoridad o la mayoría” de una fe racional, que “tiene sus raíces en una convicción independiente basada en el propio pensamiento y observación productivos, a pesar de la opinión de la mayoría” (1959: 144).

Dejando de lado cualquier fe irracional en la existencia de una divinidad, la fe racional tiene su expresión máxima cuando tiene su objeto en el hombre mismo, o en la humanidad, y consiste “en la idea de que las potencialidades del hombre son tales que, dadas las condiciones apropiadas, podrá construir un orden social gobernado por los principios de igualdad, justicia y amor” (Fromm 1959: 146).

¿Progreso?

Nuestro punto de partida es la fe en nosotros mismos, en la conciencia de la existencia de “un núcleo de nuestra personalidad que es inmutable y que persiste a través de nuestra vida” (Fromm 1959: 144), y que a la vez nos permite tener fe en los demás, al saber que tanto nosotros como ellos sentiremos y actuaremos en el futuro tal como ahora esperamos hacerlo (Fromm 1959: 145)[1].

Sin embargo, no se trata de creer ciegamente, de forma complaciente, en que el progreso llegará por sí solo. Más bien, a la base de dicha fe está también la conciencia de que dicho progreso puede tal vez nunca llegar, y su realización depende exclusivamente de nosotros. Pero es justamente porque no hemos “logrado aún construir ese orden” que “la convicción de que [podemos] hacerlo necesita fe” (Fromm 1959: 146).

Concluye Fromm en que es de suma importancia, entonces, no pensar esta fe como “una mera expresión de deseos”, sino basarnos “en la evidencia de los logros del pasado de la raza humana”, así como “en la experiencia interior de cada individuo en su propia experiencia de la razón y el amor” (1959: 146).

Qué bonito.

Para otra entrada sobre el mis libro de Fromm, ver Una definición ética de la racionalidad.

Para una entrada de tema similar, ver El “otro” giro copernicano de Kant.


[1] “La fe en uno mismo es una condición de nuestra capacidad de prometer, y puesto que, como dice Nietzsche, el hombre puede definirse por su capacidad de prometer, la fe es una de las condiciones de la existencia humana”. (Fromm 1959: 145)

Bibliografía:

FROMM, Erich

El arte de amar. Traducción de Noemí Rosenblatt. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1959.

Una definición ética de la racionalidad

Leyendo El arte de amar, de Erich Fromm, me encontré con la siguiente definición de racionalidad:

La facultad de pensar objetivamente es la razón; la actitud emocional que corresponde a la razón es la humildad. Ser objetivo, utilizar la propia razón, sólo es posible si se ha alcanzado una actitud de humildad, si se ha emergido de los sueños de omnisciencia y omnipotencia de la infancia. (1959: 141)

La objetividad se define a su vez en oposición al narcisismo, como “la capacidad de ver a la gente y las cosas tal como son, objetivamente, y poder separar esa imagen objetiva de la imagen formada por los propios deseos y temores” (Fromm 1959: 139). Claro está que la objetividad no es un punto de vista privilegiado e infalible, al que unos pocos acceden de forma misteriosa, sino precisamente la conciencia de nuestra propia falibilidad, y es por eso que “la humildad y la objetividad son indivisibles” (Fromm 1959: 141).

Todavía sigue muy arraigada una visión de la razón como autoritaria y cerrada, más una fuerte tradición filosófica, que incluye tanto a Aristóteles, los estoicos, Immanuel Kant, y muchos otros, sugieren correctamente que la razón es justamente la facultad humana que nos permite el diálogo y la misma vida en comunidad.

Para otra entrada de Fromm en este blog, consultar Ética y Psicoanálisis.

Para entradas sobre el carácter inherentemente social y comunicativo de la racionalidad, ver: ¿Qué es la razón? (o sobre propiedades monádicas y relacionales); Racionalidad y sociabilidad; Racionalidad y cosmopolitismo.


Bibliografía:

FROMM, Erich

El arte de amar. Traducción de Noemí Rosenblatt. Buenos Aires: Editorial Paidós, 1959.

El pisco sour ideal

El secreto para obtener el pisco sour ideal reside no en la proporción entre los ingredientes (materia), sino en el método de preparado (forma)[1].

Si bien la receta tradicional requiere que se use una coctelera, el pisco sour ideal sólo puede obtenerse mediante el uso de una licuadora.

Ahora, por lo general, uno pondrá los ingredientes en cualquier orden, e incluso se recomienda poner la clara de huevo al final, pero para obtener el pisco sour perfecto es de absoluta importancia el orden en que se echarán los ingredientes.

Así, debemos empezar justamente con la clara, y proceder a licuarla sola por varios segundos, luego agregar el jarabe de goma y, momentos después, el jugo de limón, procediendo así partiendo del ingrediente más denso hasta el menos denso. El orden será el siguiente: clara de huevo, jarabe de goma, jugo de limón, pisco y finalmente los cubos de hielo (sí, el hielo es menos denso que el agua).

Como ya dije, la proporción de los ingredientes queda al gusto de cada quien. Si no se cuenta con jarabe de goma, entonces echar el jugo de limón mezclado con el azúcar después de la clara de huevo, y antes que el pisco.

Ahora, la bebida que se obtendrá —como se muestra en la foto— integra la tradicionalmente separada espuma, brindándole así más cuerpo y frescura a la bebida.

Si considera que ha logrado el pisco sour ideal, y que la diferencia con el método tradicional no es menor, entonces comente la técnica aprendida con sus amigos y amigas amantes del pisco.

Sé que lo ideal hubiese sido publicar esta entrada hace ya varios días, con anticipación al día del pisco sour, pero la filosofía exigía que haya cierto desfase con la realidad.

Para otro post con una temática similar, ver Kant sobre la embriaguez.


[1] Desconozco  qué tan difundida esté la técnica que procederé a compartir; no insinúo, entonces, que sea originalmente mía, pues la aprendí del papá de un buen amigo.