problema ambiental

La primacía de la razón instrumental: un ejemplo de actualidad

En La ética de la autenticidad, Charles Taylor señala como fuente de los malestares de la modernidad, primero, el desencantamiento del mundo, la pérdida de un orden moral, independiente de cada individuo, y en segundo lugar, como consecuencia de lo anterior, una primacía de la razón instrumental, que en vista de la pérdida de toda sacralidad, encuentra ilimitado su alcance en un mundo de meros medios.

Como ejemplo, señala:

las formas en que se utiliza el crecimiento económico para justificar la desigual distribución de la riqueza y la renta, o la manera en que esas exigencias nos hacen insensibles a las necesidades del medio ambiente, hasta el punto del desastre en potencia. (Taylor 1994: 41)

Ahora, un —lamentable— ejemplo de la actualidad de las palabras de Taylor:


Bibliografía:

TAYLOR, Charles

La ética de la autenticidad. Barcelona: Paidós, 1994.

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Once motivos por los que votaré por Gana Perú en estas elecciones

Hago uso de mi razón pública, y en calidad de persona docta, comparto algunas razones por las que votaré por Gana Perú en estas elecciones.

  • Porque en su lista al Congreso incluye a personas de la talla de Javier Diez Canseco, Nicolas Lynch y Félix Jiménez, entre otros.
  • Porque Alejandro Toledo ha demostrado ser un mentiroso, y un voto por él representa un voto complaciente y de continuidad.
  • Porque votar por Keiko Fujimori o Luis Castañeda denota un grado significativo de corrupción moral, o una ingenuidad infantil ocasionada justamente por las condiciones socio-económicas que precisamente ambos candidatos van a mantener (siéntanse libres de estar en desacuerdo, por supuesto).
  • Porque personas del calibre de Sinesio López apoyan —y participan— en su candidatura.
  • Porque diarios como El Comercio y Correo, así como personas de la calaña de Alan García —¿necesito verdaderamente mencionar a alguien más?— están —y confabulan— en su contra.
  • Porque es el único partido —de los cinco primeros— con un discurso coherente en contra de la corrupción, sin lugar a dudas el principal problema que nos asedia.
  • Porque como no podemos predecir el futuro, tenemos que votar por principio; es decir, por las propuestas que consideremos más valiosas.
  • Porque el crecimiento económico que nos venden los políticos —y por supuesto, los medios— no es más que eso: crecimiento económico —y dudoso, encima. Lo que necesitamos es un verdadero desarrollo; por supuesto, siempre ligado a la macroeconomía, aunque nunca dependiente y sometido a aquella. Y si bien es cierto que lo que pueda hacer el Perú como país al respecto está ciertamente limitado por el contexto internacional, eso no afecta en lo absoluto el imperativo moral de hacerlo.
  • Porque al igual que en lo que respecta a la corrupción, Gana Perú es el único partido con la voluntad de hacer algo por el problema ambiental.
  • Porque el imperativo de lograr mejores condiciones de vida para los que menos tienen antecede por mucho la necesidad de expandir la economía a gran escala (ojo que no creo que ambos objetivos necesariamente se opongan).
  • Porque tan sólo leer la frase “JUICIO A GARCÍA” en la propaganda de Diez Canseco devuelve más decencia a la política que todo el discurso combinado del resto de candidatos.

Aclaro que por ningún motivo tengo fe ciega en la persona de Ollanta Humala, a quien considero en buen grado un político mediocre; mas este voto no significa votar por el mal menor, sino porque lo considero cuanto menos un vislumbre de un porvenir mejor entre tanta asquerosidad (el mentiroso Toledo y el gringo PPK incluidos, aunque en menor grado).

Confieso también que no voté por Ollanta Humala en las elecciones del 2006 (y menos todavía por Alan García), aunque ahora considero que debí hacerlo. Además, respecto de Fuerza Social, voté por ellos en las elecciones municipales, pero se hundieron en el discurso de la derecha al no considerar siquiera una alianza con Ollanta Humala, por el tonto afán de mantenerse políticamente correctos.

Para una entrada anterior sobre el tema, ver Entrevista a Sinesio López sobre su apoyo a la candidatura de Ollanta Humala.

Algunas reflexiones éticas sobre Avatar

Vuelvo del cine de ver Avatar, del director James Cameron, y se me ocurrió hacer este artículo, en el que aborde el problema ético que subyace la película, para que me sigan quienes también hayan podido verla.

Estoy seguro que casi la totalidad de espectadores no tiene dificultad alguna en darse cuenta de la injusticia que están cometiendo los humanos contra los Na’vi, habitantes del planeta Pandora, en gran parte porque el director logra hacernos empatizar con este mundo que bordea lo mágico, al igual que con sus azules integrantes.

La bella princesa Neytiri, de la especia nativa Na’vi.

Sin embargo, es un hecho lamentable que, tanto en nuestra realidad como en la de la película, las personas que están al mando de las corporaciones y gobiernos no se caracterizan por poseer esta valiosa sensibilidad (pensemos en la cúpula del actual gobierno aprista, por dar un ejemplo entre muchos posible); y es en parte por este motivo que resulta importante no dejar que un problema ético de esta envergadura sea resuelto por la empatía que podamos sentir, sino tratar de entender por qué es que se da efectivamente una injusticia.

Si seguimos algunos principios básicos de la filosofía de Immanuel Kant, deberíamos sentar que el problema en realidad pertenece a la esfera del derecho internacional (o interplanetario, en este caso), y Kant establece las condiciones de visita entre pueblos en su libro Hacia la paz perpetua en la forma del tercer artículo definitivo para la paz perpetua:

«El derecho cosmopolita debe limitarse a las condiciones de la hospitalidad universal.»

Y luego explica:

Se trata en este artículo […] de derecho y no de filantropía, y hospitalidad […] significa aquí el derecho de un extranjero a no ser tratado hostilmente por el hecho de haber llegado al territorio de otro. […] No hay ningún derecho de huesped en el que pueda basarse esta exigencia […], sino un derecho de visita, derecho a presentarse a la sociedad […][1].

De esta forma, los humanos tienen derecho a visitar Pandora, e intentar establecer relaciones pacíficas, mas por ningún motivo intentar apropiarse de sus recursos por la fuerza, especialmente si estos meros recursos resultan de vital importancia para los nativos.

Así, la película no se molesta en presentarnos un conflicto ético complejo entre ambas partes, como podría haber sido si es que la humanidad necesitara inevitablemente para su supervivencia el valioso mineral en cuestión, mientras que los Na’vi, por su lado, simplemente lo veneraran de forma mística. Mas no resulta ese el caso, puesto que se da a entender que la corporación humana al mando simplemente codicia el mineral por su valor monetario, y además, la extracción del mismo atenta contra la esencia de la vida en Pandora, cosa que puede ser explicada científicamente por los humanos.

Podría parecer que estoy criticando la falta de complejidad en el problema ético de la película, por lo que aclararé que no es ese el caso. Justamente es lo contrario: Avatar logra mostrarnos cuanta destrucción y caos ocurre simplemente por la irresponsabilidad, codicia, y simple estupidez, y no es necesario tratar de explicar de forma innecesariamente rebuscada esto, sino que en la escena que vemos al personaje que interpreta Susan Sarandon explicarle en términos científicos al administrador de la corporación lo valioso que resulta el Hometree, no sólo para los Na’vi, sino también potencialmente para la humanidad, este último simplemente responde tapándose los oídos, negando de esta forma la más básica e importante manifestación de la ética: la comunicación basada en razones.

Extraterrestre de District 9, mucho menos agradable a la vista que los Na’vi de Avatar.

Para concluir, no quisiera olvidar también el factor racista, o en este caso, especista, que juega un papel importante en justificar la agresión y el menosprecio a la cultura de los Na’vi. Sin embargo, es otra película, también del presente año, que toma un mayor riesgo al presentar a la especie extraterrestre en cuestión no como majestuosos seres de tres metros y medio de alto, sino como insectos humanoides, con los que, a pesar de su desagradable aspecto, se nos revela es justo tratarlos con dignidad, elemento que—también siguiendo a Kant—no es característico de la especie humana, sino de todo ser racional.

Pero tal vez comparar Avatar con District 9 en ese aspecto no resulte del todo justo, pues mientras que ésta última hace énfasis en el problema de tratar a seres muy distintos a nosotros—pero en la instancia que más importa, muy similares—con la dignidad que les concierne, Avatar se preocupa más en presentarnos una forma de vida en la que el respeto por el medio ambiente resulta parte integral de la cultura, y más importante aún, de la vida.


[1] Immanuel Kant, Sobre la paz perpetua (Madrid: Alianza Editorial, 2004). La cita corresponde a las páginas 63 y 64.

Los diez principales problemas filosóficos que le esperan al siglo XXI

Según el excelente blog/programa radial de filosofía en inglés: Philosophy Talk. La lista es la siguiente, traducida por mí:

10.  Encontrar una nueva base para sensibilidades y valores comunes.

9. Encontrar una nueva base para la identificación social.

8. El problema mente-cuerpo

7. ¿Puede la libertad sobrevivir la embestida de la ciencia?

6. Información y desinformación en la era de la información.

5. Propiedad intelectual, en la era de la cultura “re-mix”.

4. Nuevos modelos de toma de decisiones y racionalidad colectiva.

3. ¿Qué es una persona?

2.  Los humanos y el medio ambiente.

1. Justicia Global.

La versión completa y en inglés la pueden encontrar aquí.

La filosofía hacia el siglo XXI.

Personalmente, me parece que el problema número dos no es de índole filosófica (al igual que un par más), sino de aplicación política y social. Pues, incluso si asumimos que el medio ambiente no es más que una herramienta del hombre, ¿acaso no nos dice el sentido común de supervivencia que debemos cuidar igual esta “herramienta” para seguir usándola, y más incluso si nuestra existencia depende de ella? Que un sector ignorante de la población se niegue a aceptar la evidencia es algo que no le concierne a la filosofía como un problema, pues es el mismo caso con los que se niegan a aceptar la teoría de la evolución. No se puede argumentar filosóficamente con alguien que no presenta argumentos reales.

En todo caso, la idea de la propuesta me parece genial e inicia el debate en un gran número de áreas.

La psicología de la negación del cambio climático

No suelo hacer esto, pero me pareció imperativo enlazar a este artículo en inglés sobre la psicología de la negación del cambio climático, y sus causas.

Lo que más me ha llamado la atención es que en buena parte se explica la negación del problema si tenemos en cuenta que la humanidad, habiendo estado desde hace décadas al borde de su total aniquilación por las armas nucleares, ha perdido el sentido de permanencia que la ha caracterizado a lo largo de la Historia, y que era la causa de la edificación de grandes monumentos, por ejemplo.

Sobre uno de los mayores presupuestos de la filosofía política de Kant

La mayor parte de la filosofía de Immanuel Kant gira en torno a las posibilidades de la humanidad, no como está presente en individuos aislados, sino entendida como una comunidad global, y de ahí el carácter cosmopolita inherente practicamente a toda su filosofía.

Claro que, de forma explícita, Kant aborda el tema más que nada en sus escritos de política y de historia, como son Idea para una Historia Universal desde una perspectiva cosmopolita (en adelante Idea), Una respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración?, Comienzo conjetural de la Historia Humana y Hacia la paz perpetua, entre otros.

De forma general, se podría decir que el principal objetivo que puede—y debe—alcanzar la humanidad es el de lograr las condiciones para su máximo desarrollo intelectual y material. No se especifica más, pues, porque sería pretender demasiado afirmar que sabemos con detalle el desarrollo máximo de nuestra especie (se me ocurre que por un motivo similar Karl Marx no describe con detalle la sociedad comunista a la que aspira). En todo caso, tal indeterminación está lejos de ser un problema, y dice más bien mucho de nuestras posibilidades.

Sin embargo, si bien el resultado de este desarrollo es incognoscible a priori, sí podemos vislumbrar las condiciones sostenidas para que éste sea posible. Kant afirma en la quinta proposición de Idea[1] que “el mayor problema de la especie humana […] es la instauración de una sociedad civil que administre el derecho en general” que equivale a lograr “una constitución civil plenamente justa“. En la sexta proposición, añade que “este problema es, a su vez, el más difícil y el que la especie humana resolverá más tarde“.

Y es que su resolución, como nos dice en la séptima proposición, “depende del problema de una relación exterior legal entre los Estados, y no se puede resolver sin este último“, situación que luego desarrolla bajo la idea de la paz perpetua.

A todo esto, ya se estarán preguntando cuál es el presupuesto al que hago referencia en el título. Vayamos al final de la sexta proposición, donde Kant nos dice que, respecto de la constitución civil plenamente justa, sólo podremos aproximarnos, y:

Que esto será de lo último que se ponga en obra, se deduce asimismo de que los conceptos correctos de la naturaleza de una constitución posible requieren una gran experiencia, acostumbrada a la marcha del mundo, y, sobre todo, una buena voluntad preparada para aceptarla; pero tres piezas semejantes pueden muy difícilmente juntarse alguna vez o, cuando suceda, ya tarde, luego de muchos intentos en vano.

Lo que en tiempos de Kant puede haber parecido una actitud pesimista, ahora parece justamente lo opuesto, pues Kant presupone que la humanidad tendrá indefinidos intentos de lograr esta constitución, cuando ahora sabemos que la destrucción de nuestro planeta por nuestra propio obrar está más cerca de lo que alguna vez Kant pudo imaginar.


[1]Immanuel Kant, En defensa de la Ilustración (Barcelona: Alba Editorial, 1999).

Lección de política práctica… ¡Y el fin del mundo!

Cortesía de Isaac Asimov, o para ser más preciso, de un extracto de su mejor novela: The Gods Themselves, que pueden descargar, por cierto, en un antiguo post de mi previo blog.

Veamos el extracto, en inglés original:

The Gods Themselves

Carátula de la primera edición.

“Let me give you a lesson in practical politics.” Senator Burt looked at his wristwatch, leaned back and smiled. “It is a mistake,” he said, “to suppose that the public wants the enviroment protected or their lives saved and that they will be grateful to any idealist who will fight for such ends. What the public wants is their own individual comfort.

“Now then, young man, don’t ask me to stop the Pumping. The economy and comfort of the entire planet depend on it. Tell me, instead, how to keep the Pumping from exploding the Sun.”

Lamont said, “There is no way, Senator. We are dealing with something here that is so basic, we can’t play with it. We must stop it.”

“Ah, and you can suggest only that we go back to matters as they were before Pumping.”

“We must.”

“In that case, you will need hard and fast proof that you are right.”

“The best proof,” Lamont said stiffly, “is to have the Sun explode.”

Cualquier parecido con la realidad no es pura coincidencia, pues Asimov, desde 1972, año en que escribió la novela, ya estaba pendiente de la crisis ambiental que sufrimos.