superhombre

El superhombre de… Dostoievski

Una importante aclaración previa: esta descripción del hombre-dios no puede ser atribuida directamente a Dostoievski, sino que sale de la boca de Satanás, tal como es imaginado por Iván Fiódorovich Karamázov.

A mi modo de ver, no hay que destruir nada, lo único que hace falta es acabar en la humanidad con la idea de Dios, ¡es por ahí por donde hay que poner las manos a la obra! Es por ahí, por ahí, por donde hace falta empezar, ¡oh, ciegos, que nada comprenden! Cuando la humanidad rechace a Dios (yo creo que ese periodo llegará de modo paralelo a como llegan los periodos geológicos), sin necesidad de antropofagia se derrumbará por sí misma toda la antigua ideología y, sobre todo, toda la antigua moral, todo se renovará. Los seres humanos se reunirán para exprimir de la vida cuánto ésta pueda dar, pero sólo para alcanzar la felicidad y la alegría en este mundo. El hombre se encumbrará con un espíritu divino, con un orgullo titánico y aparecerá el hombre-dios. Venciendo a cada hora y ya sin límites a la naturaleza, el hombre, gracias a su voluntad y a la ciencia, experimentará a cada hora un placer tan excelso que le sustituirá todas las anteriores esperanzas en los placeres celestes. Cada uno sabrá que es mortal en cuerpo y alma, sin resurrección, y aceptará la muerte orgullosa y tranquilamente, como un dios. Comprenderá por orgullo que no tiene por qué murmurar de que la vida sea sólo un instante y amará a su prójimo sin necesidad de recompensa alguna. El amor satisfará sólo el instante de la vida, pero la simple conciencia de su brevedad hará más poderoso su fuego, en tanta medida cuanto anteriormente se dispersa en las esperanzas del amor de ultratumba y sin fin… (Dostoievski: 941)

Esta idea del superhombre, que es fundamental para Friedrich Nietzsche, aparece de forma similar (como pueden juzgar) ya en la obra literaria de Dostoievski, de la mano del correlato necesario de la muerte de Dios.

Continúa Satanás:

Pero, comoquiera que, dada la contumacia estupidez humana, eso quizá no se produzca ni en mil años, a todo aquel que ya ahora tenga conciencia de la verdad le será permitido ordenar su vida tal como le plazca en consecuencia con los nuevos principios. En este sentido, para él «todo está permitido». Es más: aunque nunca llegue el periodo indicado, comoquiera que no existen Dios ni la inmortalidad, nada impide al nuevo hombre hacerse hombre-dios, aunque sea él solo en todo el mundo, y ya, desde luego, en su nuevo rango, saltarse con alegre corazón todos los obstáculos morales del anterior hombre esclavo, si es preciso. ¡Para Dios, la ley no existe! ¡ Donde esté Dios, el lugar ya es divino! Donde esté yo, aquél será al instante el primer lugar… «Todo está permitido». (Dostoievski: 941-942)

No obstante, me parece que Dostoievski, a diferencia de Nietzsche, está lejos de afirmar esta idea, que si es llevada a sus últimas consecuencias, quizás pueda resultar nociva para la humanidad. “Para Dios, la ley no existe” es una afirmación bastante fuerte y controvertida.

El hombre-dios, desde una perspectiva distinta, podría ser aquel que descubra no que no existe una ley externa, sino que ésta, más bien, proviene de sí mismo… Sólo digo.

Para una entrada con una temática similar, ver: La necesidad de la idea de Dios, y una —¿verdadera?— declaración de amor (o una entrada doble sobre Los hermanos Karamázov).


Bibliografía:

DOSTOIEVSKI, Fiódor M.

Los hermanos Karamázov. Traducción de Augusto Vidal. Madrid: Cátedra, 1996.

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La demencia de Nietzsche

“Mirad, yo os enseño el superhombre: ¡él es ese rayo, él es esa demencia!” (Nietzsche 1997: 36)

Fuerte.

Para otra entrada con la misma cita, ver: Marvelman como el superhombre de Nietzsche.


Bibliografía:

NIETZSCHE, Friedrich

Así habló Zaratustra. Madrid: Alianza Editorial, 1997.

Marvelman #16 (o por qué no ser irracionales)

Observemos la siguiente imagen (para verla ampliada, ábranla en una pestaña nueva, y luego háganle click ):

La escena final de Marvelman (de Alan Moore).

Marvelman empezó con haciendo alusión a la idea de superhombre de Friedrich Nietszche. En la imagen vemos efectivamente a un hombre perfecto —al margen de si la creación de Alan Moore le hace justicia al concepto nietzscheano— preguntándose cómo alguien, pudiendo serlo también, decide no hacerlo.

Cada integrante de la especie Homo sapiens es imperfecto genéticamente. En el universo del comic se postula la posibilidad de convertirnos en nuestra versión perfecta, capaz de realizar nuestras capacidades al máximo.

Dejando de lado la filosofía de Nietzsche, Immanuel Kant creía que sólo la especie humana en su conjunto, a lo largo de muchas generaciones, es capaz de realizar su potencialidad, y nunca un espécimen de la misma por sí solo. Esto es sin duda una tesis antropológica, y podríamos pensar un mundo en que tales circunstancias se alteren, como es el caso que nos plantea el comic.

En ese caso, ¿sería preferible que el ser humano evolucione a este nuevo estado? ¿O a lo mejor hay algo perfecto en la imperfección?

Visto desde otro lado, el inicial supuesto superhombre de Nietzsche se nos revela como el hombre virtuoso perfectamente racional de Kant. Hay que aclarar que el hombre como Kant lo entiende no puede nunca llegar a tal estado, sino sólo aproximarse.

La ciencia-ficción del comic abate tal imposibilidad, y asume que efectivamente este nuevo superhombre puede ser perfectamente virtuoso y racional (o en otras palabras, propiamente moral, como infiero de la realización utópica que comenté hace varios meses, y que también pertenece a este último número).

Nuestra racionalidad nos exige, pues, que seamos racionales. Podemos, por supuesto, ignorarla a veces, o incluso la mayoría de veces, y en esa aproximación consiste la virtud. Si tuviésemos una ruta fácil, no obstante, como ya se aludió, ¿tendríamos algún motivo para no tomarla?

Si es que hay efectivamente alguna razón para no tomar tal camino, ¿acaso esto no hace manifiesta la farsa que es la realidad a la que supuestamente aspiramos?

La pregunta es: ¿por qué el hecho de que seamos capaces de usar la razón nos exige que tengamos que efectivamente usar la razón?

¿Por qué no ser irracionales?

El hombre perfecto se pregunta.

El final.

Para los dos números anteriores, entren a este post. Para ver cómo empezó todo, entren acá. Y para una fugaz aparición de Martin Heidegger y Adolf Hitler (coincidentemente —o no— en el mismo número) entren aquí.

¿Será esto lo último de Marvelman en este blog? O a lo mejor la continuación de Neil Gaiman retoma efectivamente esta problemática…

La utopía de Alan Moore

¿Qué pasaría si superhombres moralmente puros tomaran por la fuerza el control de nuestro planeta? La respuesta a semejante pregunta nos la da Alan Moore al final de la serie de 16 números que escribiera sobre el superhéroe Marvelman, que estoy publicando todos los miércoles en La Buena Onda (actualmente en el número 6), y del cual además ya hablé en este blog en un par de ocasiones, primero aludiendo a su identificación con el superhombre de Nietzsche, y luego en honor al cameo que hace Martin Heidegger.

Alan Moore, definitivamente no el típico pensador utópico.

Alan Moore, definitivamente no el típico pensador utópico.

Así, si están leyendo número por número el comic, a lo mejor querrán esperar a terminarlo para leer este artículo, que contiene parte del desenlace. En todo caso, me enfocaré principalmente en las propuestas de reformas que nos propone Alan Moore, que vendría a ser la materia de las reformas, así como también un poco en la forma en que se llevan a cabo estos cambios.

Veamos.

Habiendo anunciado cambios fuertes en el sistema económico de la época (recordemos que estos se dan en el hipotético 1986), la primera acción importante de los superhombres es llevar todo el armamento nuclear al sol, demostrando de esta forma su poder, pero también eliminando cualquier posibilidad de autodestrucción de la humanidad.

En la siguiente página podemos ver a tres de estos superhombres discutiendo sobre la reacción de los gobiernos, y luego sobre el problema del libre albedrío de la humanidad, que comparan al de un niño que quiere tomar cloro, o al de una vaca.

Marvelman #16 página 9

Luego, el siguiente paso de los superhombres es el de solucionar el problema ambiental, como se ve en la siguiente página.

Marvelman #16 página 10

Con problemas fundamentales como un posible holocausto nuclear, o la lenta autodestrucción del planeta solucionados, los superhombres pueden pasar a problemas de índole más social, siendo el primero el problema económico, y acá me parece que Alan Moore hace un excelente trabajo en deconstruir la ilusión del dinero, y como de manera absurda ha afectado las relaciones entre personas. Vean.

Marvelman #16 página 11

Finalmente, sin posibilidad de guerras y sin pobreza, el esfuerzo de los superhombres se centra ahora en torno al crimen, y la respuesta que da Alan Moore ante el narcotráfico es tan radical, como en realidad obvia y racional: legalizar las drogas, e informar honesta e imparcialmente de sus efectos a la población, así como en vez de gastar millones de millones en armamento para combatir el narcotráfico, cosa que no hace más que generar más violencia, usar estos recursos para tratar a los adictos y reformar verdaderamente a los criminales, usando como ejemplo al infame Charles Manson.

Marvelman #16 página 12

Así que ahí tienen, la utopía cortesía de los superhombres según Alan Moore. No obstante, cabe decir que Moore no peca de ingenuo creyendo, incluso en esta supuesta utopía, en una suerte de fin de la Historia, sino que nos deja un final con suspenso, y tendrán que leer el comic para enterarse.

Marvelman como el superhombre de Nietzsche

A ver, muchos eventos aparentemente desconectados han ocurrido en los últimos días, pero ha llegado la hora de juntarlos y explicar su relevancia precisamente en este post, pero voy a empezar por el final, con esta imagen:

Marvelman como el superhombre de Nietzche.

Marvelman como el superhombre de Nietzche.

El superhéroe se llama Marvelman, aunque por obvios problemas de licencia, ha sido conocido también como Miracleman. Sin embargo, dije que iba a listar la serie de eventos, y eso es lo que haré.

Todo empezó hace dos semanas, cuando un amigo me preguntó por messenger si es que había leído Marvelman, un superhéroe de los años 50, venido a menos en los 60, pero finalmente resucitado por Alan Moore (Watchmen, V for Vendetta) a comienzos de los 80, identificándolo con el superhombre de Nietzsche.

No pude nada menos que interesarme ante tal descripción, y busqué la serie resucitada por Moore para bajarla, cosa que hice, pero dejé suspendida entre otras miles.

Luego, hace cuatro días, vi que finalmente Marvel Comics ha adquirido los derechos de Marvelman, lo que dejará definitivamente de lado el nombre alterno de Miracleman, por lo que tomé eso como una señal, y decidí finalmente empezar a leer la serie ya descargada. No obstante, no sé qué pasó, pero no fue ese el caso.

Recién hoy, 28 de julio, me desperté y vi que tenía un mensaje por Twitter de un bloguero que quizás ya conocen, que me sugería hacer una mesa de discusión sobre Watchmen para el próximo simposio de estudiantes de filosofía, proposición que acepté sin pensar dos veces.

Entusiasmado, decidí que había llegado el momento de empezar con Marvelman—o Miracleman, según la edición que tengo—, y al final del primer capítulo, que cuenta con una historia ridículamente cliché, al igual que con dibujos desactualizados, me encontré precisamente con la imagen que puse al comienzo, y que me produjo un efecto paralizador.

Por lo mismo, he decidido subir por mi cuenta el primer número, que incluye los primeros cuatro capítulos, para que puedan bajarlo y experimentar lo mismo que yo.

Hagan click en la imagen para descargar.

Portada del primer número de Miracleman, revivida por Alan Moore.

Portada del primer número de Miracleman, revivida por Alan Moore.

Para los fans de Nietzsche.