Algunas observaciones sobre las bases del conocimiento científico

El título de este artículo corresponde al muy interesante texto de Erwin Schrödinger—uno de los precursores de la mecánica cuántica, y autor del famoso experimento mental conocido como el gato de Schrödinger—que tuve el placer de leer hace unos días. El texto es breve (menos de 12 páginas), fue escrito en 1935, y se centra en llamar la atención de un presupuesto que tiene la ciencia experimental, que está a la base de toda ella, y sin embargo, no es científico, y tampoco podrá ser comprobado jamás empíricamente.

Erwin Schrödinger.

Erwin Schrödinger.

Veamos cómo el mismo Schrödinger introduce la problemática:

Las ciencias de la naturaleza no reposan únicamente en la experiencia, sino también en cierta hipótesis fundamental, hipótesis muy, muy, muy evidente, y que acepta cualquiera de nosotros, todo hombre dotado de sentido. Sin embargo, no puede ser verificada por el método científico exacto. Si esta hipótesis nos parece evidente, es por razones distintas de las científicas, por razones cuya fuente se encuentra más allá de la ciencia exacta[1].

Schrödinger no nos dice todavía nada de la hipótesis fundamental a la que se refiere, salvo que es bastante obvia, y no puede ser verificada jamás por la ciencia empírica. Se acerca a su posición, sin embargo, señalando el siguiente hecho:

[…] aunque el admirable edificio del pensamiento científico reposa enteramente sobre experiencias que en principio cualquiera es capaz de reproducir, el objeto del admirable encadenamiento no ha existido nunca ni existirá jamás en la forma de dato experimental real en la mente de un solo hombre: este objeto representa más bien una especie de mosaico cuyas teselas están diseminadas en las mentes de miles y miles de investigadores, cada uno de los cuales debe fiarse para la mayor parte del «mosaico» de lo que los otros le dicen o le escriben o han escrito hace años.

Luego, Schrödinger añade que  sería imposible refutar científicamente el solipsismo (en tanto teoría), pues no se puede comprobar empíricamente de primera mano lo que otros perciben (también empíricamente), por motivos que resultan obvios. Por suerte, nadie  sostiene realmente dicha teoría, lo que no nos impide notar que por más inaceptable que nos parezca sostenerla, no puede ser refutada por la ciencia experimental.

Así, llama P a la hipótesis que se opone al solipsismo, y que es propiamente una hipótesis en el sentido de la ciencia moderna, hallándose a la base de toda ella, pero que sin embargo, no puede ser jamás demostrada mediante sus propios métodos.

Pero si como ya se dijo desde el comienzo, nunca se duda de su validez, ¿por qué siquiera notarla? Veamos lo último que dice al respecto:

Si estoy seguro absolutamente seguro de que una hipótesis es correcta, puedo edificar tranquilamente en este terreno, sin preocuparme de las razones de mi certidumbre, se me dirá. Perfectamente, convengo. Tampoco pienso que la ciencia tenga que lamentar el hecho de que uno de sus principales pilares repose en un terreno no científico. Porque así la ciencia se apega más estrechamente a otros pensamientos y fines del hombre, que si solo existiera para y por ella misma. No por ello me parece menos importante insistir en el hecho de que esta proposición P sobrepasa netamente los límites de la ciencia.

Por tal motivo, Schrödinger le dedica las páginas restantes a mostrar con el muy ingenioso ejemplo de nuestra percepción de los colores la validez de formular la hipótesis P, por lo que les recomiendo que consigan el texto y lo lean.

Sin embargo, me quiero quedar en resaltar el sentido de lo que—creo yo—dijo en la última cita.

Al no poder la ciencia reposar en una sola persona, ésta depende de la comunidad científica, que va cambiando con el tiempo. Este hecho innegable hace que la ciencia se dé en hombres y para los hombres. Pero en un sentido más amplio, la ciencia se da para la humanidad, esto es, para la capacidad de los hombres de decidir cómo llevar sus propias vidas, y cuyos frutos parciales pasan de generación en generación, y por lo tanto, se ve sometida a las mismas normal morales que los individuos.

Ya Immanuel Kant señaló la independencia que existe entre el terreno de la ciencia y de la ética, pero hacer ésta conexión sirve para ilustrar cómo, a pesar de esta supuesta independencia, la ciencia—en tanto se da en seres dotados de capacidad moral—está inevitablemente sometida por ella, y en consecuencia está dotada también de un carácter cosmopolita.


[1] Erwin Schrödinger, La nueva mecánica ondulatoria y otros escritos (Madrid: Biblioteca Nueva, 2001). Traducción de Juan Arana. Las citas corresponden a las páginas 57, 59 y 62, respectivamente.

One comment

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s