Repensando la vida y la muerte

En las últimas semanas he leído el libro de Peter Singer, Rethinking Life and Death: The Collapse of Our Traditional Ethics[1], y justamente ha tenido éxito en el que asumo es su principal propósito: hacer repensar al lector el problema de la vida y de la muerte; esto es, desde una perspectiva ética, y en particular, una que podríamos llamar bioética, que toma en cuenta los avances de la ciencia al respecto (como toda ética aplicada debería hacer).

Peter Singer y una oveja.

Peter Singer y una oveja (o carnero, no sé).

En vista que el libro trata en buena parte con nuestros prejucios más arraigados, se corre el riesgo de ser brutalmente malentendido, ya sea al ser citado fuera de contexto, o simplemente al no hacer énfasis en explicar mejor cierto punto. Puesto que este artículo, a diferencia del libro de Singer, no cuenta con la ayuda del detallado uso de casos reales para ir preparando de alguna forma al lector para recién luego exponer sus tesis más fuertes, el riesgo ya mencionado se vuelve todavía más fuerte. Sin embargo, procederemos igual a exponer la que considero es la tesis más controversial del libro, y que me costó bastante esfuerzo en finalmente reconocer como perfectamente válida y racional.

Pero antes expliquemos un poco el contexto.

Singer dedica la mayor parte del libro a tratar de demostrar cómo la ética tradicional, en el sentido que ésta defiende la santidad de toda vida humana, se ha vuelto un obstáculo en el mundo actual, en especial en el terreno de la medicina, respecto a casos, por ejemplo, como el aborto, el transplante de órganos, la eutanasia y la posibilidad de extender indefinidamente la vida de una persona que ya ha perdido definitivamente la conciencia, entre otros.

El filósofo australiano rechaza, pues, nociones supuestamente científicas como la de muerte cerebral, puesto que en vez de describir efectivamente la muerte biológica de un individuo, camuflan el verdadero juicio de carácter estrictamente ético que se está llevando a cabo, y que nos dice que la vida de dicho sujeto ha pasado a carecer de valor, a tal punto, pues, que es reconocido legalmente como muerto, y todo para no desafiar abiertamente a la ética tradicional.

En la práctica actual, nos hace notar Singer, la ética tradicional ha sido ya en buena parte desfasada. No obstante,  la nueva ética, que viene a reconocer que la calidad de la vida humana varía, todavía está verde, y no reconocer este hecho es lo que lleva a elaborar conceptos que terminan siendo contraintuitivos, justamente como la ya mencionada muerte cerebral, que nos pide considerar como muerto a un ser humano que todavía esté respirando.

Portada de Rethinking Life and Death.

Portada de Rethinking Life and Death.

Es recién en la última sección que Singer se propone dar una respuesta coherente al problema, y articula los cinco mandamientos de la ética tradicional (sanctity of life ethics), contraponiéndoles nuevos mandamientos, que corresponden a su vez a la ética que reconoce que la calidad de la vida humana varía (quality of life ethics). Me parece valioso, y será tema de un futuro artículo, listar los cinco mandamientos originales, junto con los nuevos, y explicarlos; pero hoy me concentraré, como ya dije, en su tesis más controversial—que Singer mismo reconoce como tal—, y que toma la forma del quinto nuevo madamiento:

No discriminar en función de la especie.

Y que se contrapone al quinto antiguo mandamiento:

Trata toda la vida humana siempre como más valiosa que cualquier vida no humana.

Las principales consecuencias que se extraen rápidamente pueden sonar hasta ofensivas, como decir que ciertos animales, como un perro o un cerdo, tienen—o pueden llegar a tener—capacidades superiores, ya sea racionales, o emocionales, por sobre un niño severamente discapacitado (piensen en los bebés anencefálicos, para un caso extremo). Si, entonces, miramos tal hecho (“hecho”, pues no está en debate, al menos, no en el ámbito científico) con claridad, o sea, tratando de librarnos de ciertos dogmas cristianos, tenemos que no hay una barrera insuperable entre cualquier forma de vida y la vida humana, y el quinto antiguo mandamiento cae en una suerte de especismo, análogo al racismo que en otros tiempos (e incluso en nuestros tiempos) ve la vida de miembros de determinada raza como más valiosa que las de los demás, sin motivo racional alguno.

Y justamente es el desenmascaramiento de la irracionalidad del quinto viejo mandamiento una de las tareas más difíciles que Singer lleva a cabo a lo largo del libro, y como ya aludí, con bastante éxito.

Terminaremos de forma un poco abrupta el presente artículo, en parte para provocar controversia, y en parte también para dejarle terreno a un futuro artículo sobre el tema.


[1] Peter Singer, Rethinking Life and Death: The Collapse of Our Traditional Ethics (New York: St. Martin’s Griffin, 1994).

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