Una hipótesis general sobre las relaciones de ayuda (desde la psicoterapia de Carl Rogers)

Carl Rogers propone como hipótesis general del ejercicio psicoterapéutico la siguiente:

Si puedo proveer un cierto tipo de relación, la otra persona descubrirá dentro de sí misma la capacidad de utilizarla para su propio crecimiento, y un cambio y desarrollo personal ocurrirá. (Rogers 1961: 33)[1]

Más que del aparato conceptual o las técnicas que el psicoterapeuta pueda profesar y ejercer, Rogers encuentra evidencia en distintos estudios y en su propia experiencia para sostener que lo fundamental en una relación de ayuda radica en las actitudes del psicoterapeuta y la forma en que el cliente lo percibe. En esta entrada nos ocuparemos de exponer las tres condiciones centrales de dicha relación, que, por cierto, Rogers se aventura a señalar no se limitan a la relación terapéutica sino que la misma legalidad podría valer asimismo para las relaciones humanas en general (Rogers 1961: 37).

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La primera condición que el psicoterapeuta debe poseer es ser él mismo, expresar de forma genuina los sentimientos y actitudes que experimenta en un momento dado. A esta transparencia de lo que pasa en el interior del psicoterapeuta con lo que expresa y es percibido por el cliente Rogers la denomina congruencia (congruence).

Con esto me refiero a que cualquier sentimiento o actitud que esté experimentando vaya de la mano con mi conciencia de dicha actitud. Cuando esto se cumple, soy una persona unificada e integrada, y puedo ser lo que que en el fondo soy. (Rogers 1961: 51)

De lo que se trata es de ser percibido como una persona digna de confianza y consistente a lo largo del tiempo. Aceptar lo que uno mismo es y siente, y poder expresarlo a otras personas, es la tarea más difícil y una que uno nunca llega a realizar completamente (Rogers 1961: 51).

La segunda condición implica experimentar actitudes positivas “hacia lo que hay en el cliente” (Rogers 1961: 62), lo que sea que haya. Se trata de no juzgarlo y de valorarlo de una forma total y no condicional. Rogers se refiere a esto con el nombre de estima incondicionalmente positiva (unconditional positiva regard).

La tercera condición es llamada entendimiento empático (empathic understanding) y apunta a percibir lo que el cliente experimenta en cada momento, y comunicarle de vuelta tal comprensión. Rogers describe lo que esto significa en contraste con otros tipos de comprensión más frecuentes:

Sospecho que cada uno de nosotros ha descubierto que este tipo de entendimiento es extremadamente raro. Ni lo recibimos ni lo ofrecemos con gran frecuencia. En su lugar ofrecemos otro tipo de comprensión que es bastante diferente. “Yo entiendo qué estás haciendo mal”; “yo entiendo qué te hace actuar de esa manera”; o “yo también he experimentado tu problema y reaccioné de forma distinta”; estos son los tipos de comprensión que usualmente ofrecemos y recibimos, una evaluación desde afuera. (Rogers 1961: 62)

No resulta difícil enlazar cómo estas tres condiciones, cuando se cumplen en el psicoterapeuta, permiten el crecimiento del cliente. Se trata de que el cliente vea en sí mismo lo negativo que hay en él, pero desde un punto de vista que reconoce es valorado incondicionalmente (por el psicoterapeuta). De este modo, no se avergonzará de sentimientos oscuros e inclusive grotescos que tienden a reprimirse, sino que los aceptará como parte de alguien que es mucho más que eso, como parte de un yo capaz de incorporarlos con conciencia y de ese modo sobreponerse a ellos. Para ello es importante tener el ejemplo de alguien que hace lo mismo de la forma más genuina, que verdaderamente lo entiende y lo acepta.

Rogers concluye:

Mientras más el cliente perciba al terapeuta como real y genuino, como empático y poseyendo una estima incondicional hacia él, más se moverá lejos de un tipo de funcionamiento estático, inamovible, insensible e impersonal, hacia una forma de funcionar marcada por una experiencia fluida, cambiante y positiva de sus sentimientos personales y diferenciados. La consecuencia de este movimiento es un cambio en la personalidad y en el comportamiento en la dirección de la salud mental, de la madurez y de relaciones más realistas hacia uno mismo, hacia otros y el medio ambiente. (Rogers 1961: 66)

Para un video del mismo Rogers explicando esto, seguido de un ejemplo práctico y real, vea:

Para una expresión distinta de la misma idea, vea: Sobre la mentira interior.


[1] Las traducciones son mías.

Bibliografía:

ROGERS, Carl R.

On Becoming a Person. Nueva York: Houghton Mifflin Company, 1961.

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