Richard Rorty y su pasmosa interpretación de la ética de Immanuel Kant

RoRichard Rorty considera “la pasmosa afirmación de Kant de que el sentimiento no tiene nada que ver con la moralidad, de que existe algo distintiva y transculturalmente humano denominado «el sentido de la obligación moral» que en nada se relaciona con el amor, la amistad, la confianza o la solidaridad social” (Rorty 2000: 230). Al margen del planteamiento propiamente filosófico de Rorty, es necesario refutar la simplista y deforme imagen del pensamiento racionalista con el que se “enfrenta”.

Es cierto que Kant considera el fundamento de toda la moralidad como una ley de la razón, ubicada en un orden distinto de la sensibilidad humana, y cuya realidad última supone un misterio ineludible a la especulación. No obstante, el ser humano, considerado en su totalidad (como un animal social racional), requiere de ciertas disposiciones morales, a saber, el sentimiento moral, la conciencia moral, el amor y el respeto, que, como condiciones subjetivas, se hallan a la base de la experiencia humana del deber moral; sin ellas, el ser humano no sentiría obligación moral alguna (MS 6:399).

La experiencia de la moralidad, elabora Kant, se puede reducir al amor y al respeto (MS 6:488), y exige de nosotros el cultivo de sentimientos naturales acordes a la moralidad como la simpatía, que “la naturaleza ha puesto en nosotros para hacer aquello que la representación del deber por sí sola no lograría” (MS 6:457). La práctica del bien por seres racionales como nosotros supone la consideración de unos a otros “como semejantes, es decir, como seres racionales necesitados, unidos por la naturaleza en una morada para que se ayuden mutuamente” (MS 6:453): la moralidad implica esta solidaridad.

La conciencia práctica de la dignidad de todos los seres racionales (para Kant de origen netamente racional), que es interpretada erróneamente por Rorty como un conocimiento teórico, no sólo supone la práctica de la amistad (MS 6:469-473), sino que nos obliga a criticar y reformular las relaciones sociales y las instituciones, es decir, a elaborar proyectos de magnitud histórica. El éxito o el fracaso del racionalismo se mide no por su capacidad de fundamentar la moral (el mismo Kant señala que semejante tarea supone en última instancia un esfuerzo baldío), sino por su capacidad de llevar a cabo tales proyectos. La potencialidad que supone la razón humana no puede desarrollarse en un sólo individuo, concebido ahistóricamente, sino en toda la especie a lo largo de la historia.

Ver también: Un héroe kantiano.


Bibliografía:

KANT, Immanuel

La metafísica de las costumbres. Traducción de Adela Cortina Orts y Jesús Conill Sancho. Madrid: Editorial Tecnos, 1989.

RORTY, Richard

Verdad y progreso: Escritos filosóficos 3. Barcelona: Paidós, 2000.

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