Kant y la desobediencia

Se sabe que Kant se opuso al derecho de los ciudadanos de rebelarse contra el poder soberano, al punto de señalar que el pueblo debe soportar incluso abusos intolerables por parte del gobernante, dado que atentar en su contra supondría la destrucción de la constitución legal en su totalidad (MS 6:318-323). Supone ya un problema conciliar esta posición con el entusiasta apoyo que el filósofo mostró respecto de la Revolución francesa, al punto de considerarla como el hecho de su tiempo que prueba la tendencia de la especie humana de progresar hacia lo mejor (SF 7:84).

En todo caso, aprovechamos para rechazar la posición que Kant expresa en La metafísica de las costumbres como artificial y alejada del sentido común, que nos lleva a pensar que uno está obligado a combatir, inclusive por la fuerza, los abusos de regímenes totalitarios. Pero al mismo tiempo, queremos mostrar cómo, al menos, tal posición no implica sostener la obligación incondicional de obedecer al soberano en lo que sea que nos ordene, como aludió el infame Adolf Eichmann en alusión al mismo Kant. Es decir, buscamos establecer definitivamente que la filosofía kantiana, y Kant mismo, estaban a favor de una desobediencia civil pacífica.

En la Crítica de la razón práctica, Kant toma como ejemplo de virtud máxima el caso de un hombre recto que, amenazado con los peores castigos por el soberano para que calumnie a otra persona inocente, se niega y se mantiene firme en su máxima moral (KpV 5:155-156). El único deber moral incondicionado al que el ser humano está sometido es al de su propia ley, que es la misma para todas las personas. Lo que ordena la moralidad, no debe quedar dudas, se sobrepone en caso de conflicto flagrante a la voluntad arbitraria de cualquier gobernante de turno. 

Por si todavía quedan dudas, en La religión dentro de los límites de la mera razón, Kant se expresa de manera explícita sobre el tema. Hablando sobre el tipo de deber que las leyes civiles suponen a los hombres, Kant aclara:

La tesis «hay que obedecer a Dios más que a los hombres» significa sólo que, si éstos ordenan algo que es en sí malo (inmediatamente contrario a la ley moral), no se está autorizado a obedecerles y no es deber hacerlo. (R 6:100n)

La traducción al inglés de Wood y di Giovanni es todavía más dura, al punto de señalar que no sólo no es deber obedecer, sino que es un deber no hacerlo[1].

Y así zanjamos definitivamente la cuestión de si la filosofía de Kant legitima la desobediencia civil pacífica.


[1] El pasaje lee: “The proposition, «We ought to obey God rather than men,» means only that when human beings command something that is evil in itself (directly opposed to the ethical law), we may not, and ought not, obey them”.

Bibliografía:

KANT, Immanuel

Ideas para una historia universal en clave cosmopolita y otros escritos sobre Filosofía de la Historia. Traducción de Concha Roldán Panadero y Roberto Rodríguez Aramayo. Tercera edición. Madrid: Editorial Tecnos, 2006.

La religión dentro de los límites de la mera razón. Traducción de Felipe Martínez Marzoa. Madrid: Alianza Editorial, 2001.

Crítica de la razón práctica. Traducción de Roberto Rodríguez Aramayo. Madrid: Alianza Editorial, 2000.

Religion within the Boundaries of Mere Reason: And Other Writings. Traducción de Allen Wood y George di Giovanni. Cambridge: Cambridge University Press, 1998.

La metafísica de las costumbres. Traducción de Adela Cortina Orts y Jesús Conill Sancho. Madrid: Editorial Tecnos, 1989.

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