Sobre el misterioso caso del joven que vivió con una bala incrustada en el centro de su corazón

Quizás escucharon alguna vez del extraño caso de un joven, hace ya muchos años, que recibió el impacto de una bala perdida en el centro de su corazón, y sobrevivió. Por supuesto, el caso conmovió a la sociedad en su momento; los medios, muy propensos al sensacionalismo, se dieron un festín. ¡Cómo olvidar la enorme palabra ‘milagro’ impresa en la portada de El Comercio!

Los detalles médicos del caso, que pueden ser consultados si nos dirigimos a los archivos de la prensa de ese entonces (aunque tengan que ser tomados con cuidado, pues también se dijo mucho que no correspondía con la verdad), no son, sin embargo, los que nos interesa recordar en esta ocasión. Huelga decir que, dada la perplejidad de los científicos, no tardó en llegar una comisión del Vaticano para examinar el caso. La santa investigación, no obstante, se vio truncada dada la poca cooperación por parte del joven. En realidad, digámoslo para ser más precisos, su actitud abiertamente hostil hacia la misma.

Justamente encontré, entre viejos apuntes, un recorte de la única entrevista que el joven dio a la prensa en ese entonces. Comparto el fragmento que encuentro más interesante y rico en filosofía.

Entrevistador: A pesar del entusiasmo de la gente, usted se ha mostrado reticente a colaborar con la comitiva de la Iglesia.

El joven:  No puedo no decirlo. Me parece aberrante pensar en un Dios que interviene, con una suerte de poder mágico, para salvar una vida. Si es que Dios puede salvar una vida, ¿por qué salva esa y no miles de otras? Eso no es justo, y Dios no puede ser injusto. Si Dios interviene en el mundo, lo hace mediante los actos morales de las personas, no con trucos.

[…]

Entrevistador: Dicen que el más mínimo movimiento de la bala podría resultar letal… Que usted podría morir en cualquier momento…

El joven: Cualquiera puede morir en cualquier momento.

[El joven calla]

Con todo, quiero vivir. Espero vivir mucho. Ojalá Dios me lo permita.

El joven, muchos años después, ya anciano, murió de muerte natural.

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