La ilustración hoy (o sobre la marcha por la modificatoria del DS 051)

Immanuel Kant dedicó gran parte de su vida a luchar por el ideal de la ilustración de los pueblos, famosamente definido en el artículo “Respuesta a la pregunta: ¿qué es Ilustración?” como la salida del hombre de la minoría de edad, o el pensar por uno mismo. Menos conocida es la definición de la ilustración presente en la segunda parte de El conflicto de las facultades, titulada “Replanteamiento de la cuestión sobre si el género humano se halla en continuo progreso hacia lo mejor”, que coloco a continuación:

La ilustración del pueblo consiste en la instrucción pública del mismo respecto a sus derechos y deberes para con el Estado al que pertenece. (Kant 2006: 93; Ak 7:88)

Me parece de fundamental importancia tener siempre presente que la ilustración se está entendiendo acá como un proceso histórico y político, en el cual el filósofo se concibe a sí mismo únicamente en el rol de “divulgador”. De este modo, el filósofo se dirige en sus escritos “respetuosamente al Estado” y no “confidencialmente al pueblo (que bien escasa o ninguna constancia tiene de sus escritos)” (Kant 2006: 94; Ak 7:88).

Por supuesto, más de 200 años después de que Kant escribiera tales palabras, la situación es distinta, y cada vez más el pueblo tiene la capacidad de exigir directamente al Estado sus derechos y no simplemente esperar que las súplicas de los filósofos a los gobernantes tengan algún efecto.

Esta semana, a saber, el martes 17, se llevó a cabo una marcha de distintas asociaciones de afectados por la violencia política en nuestro país, exigiendo la modificatoria del DS 051-2011-PCM, que dispone condiciones humillantes a las reparaciones que, en opinión de los manifestantes, es un deber del Estado otorgar, pues constituye un derecho suyo y por tanto un asunto de justicia.

No es este sino uno de los muchos ejemplos de actuales batallas de la población frente a su Estado, que a todas luces permanece funcionando de forma injusta en muchos (muchísimos) aspectos, y que tienen como fin, pensadas históricamente, la consecución de la “idea de una constitución en consonancia con el derecho natural de los hombres, a saber, que quienes obedecen la ley deben ser simultáneamente colegisladores”, ideal que “se halla a la base de todas las formas políticas” y que tampoco puede considerarse como “una vana quimera, sino la norma eterna para cualquier constitución civil en general y el alejamiento de toda guerra” (Kant 2006: 95; Ak 7:89-90).


Bibliografía:

KANT, Immanuel

Ideas para una historia universal en clave cosmopolita y otros escritos sobre Filosofía de la Historia. Traducción de Concha Roldán Panadero y Roberto Rodríguez Aramayo. Tercera edición. Madrid: Editorial Tecnos, 2006.

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