Lo inconsciente freudiano como noumeno kantiano

En el tercer capítulo de la Fundamentación para una metafísica de las costumbres, Immanuel Kant busca aplicar su flamante idealismo trascendental para explicar cómo es posible que el ser humano, considerado como una especie animal, esté sometido realmente a leyes racionales (a saber, una sola[1]), que son dadas independientemente de su constitución sensible.

Así como sólo conocemos los objetos del mundo a través de los sentidos, “tal como nos afectan, con lo cual permanece desconocido para nosotros aquello que puedan ser en sí”, es decir, “pese a todo logramos con ello el simple conocimiento de los fenómenos, nunca de las cosas en sí mismas” (Kant 2002: 146; Ak. IV, 451), de igual modo, “al hombre tan siquiera le cabe conocer  cómo es él en sí mismo”, pues sólo le cabe “recabar información de sí a través del sentido interno y, por consiguiente, sólo a través del fenómeno de su naturaleza y el modo cómo es afectada su consciencia”, lo que le obliga a “admitir necesariamente otra cosa que subyace como fundamento, a saber, su yo tal como éste pueda estar constituido en sí mismo” (Kant 2002: 147; Ak. IV, 451).

En su escrito Lo inconsciente (1915), Sigmund Freud refiere al ámbito de cosa en sí (noumeno) de la filosofía kantiana como el lugar de lo inconsciente:

Del mismo modo que Kant nos invitó a no desatender la condicionalidad subjetiva de nuestra percepción y a no considerar nuestra percepción idéntica a lo percibido incognoscible, nos invita el psicoanálisis a no confundir la percepción de la conciencia con los procesos psíquicos inconscientes objetos de la misma. Tampoco lo psíquico tal como lo físico necesita ser en realidad tal como lo percibimos. (Freud 1973: 2064)

Queda el problema de qué tipo de teoría filosófica y científica puede dar cuenta de este ámbito que Kant se preocupó en delimitar fuera del conocimiento humano.


[1] Entre las muchas formulaciones de la ley moral, destaca la fórmula de la autonomía:  “no elegir sino de tal modo que las máximas de su elección estén simultáneamente comprendidas en el mismo querer como ley universal” (Kant 2002: 131; Ak. IV, 440).

Bibliografía:

FREUD, Sigmund

Obras completas. Tres volúmenes.  Traducción de Luis López-Ballesteros y de Torres. Tercera edición. Madrid: Biblioteca Nueva, 1973.

KANT, Immanuel

Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Traducción de Roberto Rodríguez Aramayo. Madrid: Alianza Editorial, 2002.

2 comments

  1. El texto de Freud que citas parece estar basado en una confusion fundamental: el inconsiente es, en principio, cognoscible por medio del psicoanalisis (por lo menos, eso parece ser lo que creia Freud). El noumeno kantiano no lo es; ni siquiera en principio (por lo menos, eso parece ser lo que creia Kant).

  2. Es cierto. La pregunta, no obstante, era por el tipo de conocimiento de dicho objeto (el inconsciente), del que no podemos, sin embargo, tener una experiencia directa.

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