Sobre la sutil diferencia entre una predisposición y una propensión

Immanuel Kant afirma que el ser humano está predispuesto, constituido para el bien (2001: 43-46, 66); al mismo tiempo, señala la existencia de una propensión presente en la especie humana (en cada individuo de la especie, sin excepción) al mal moral (2001: 46-50). Cabe preguntarse, ¿estaba Kant senil tan temprano como en 1793, cuando escribió La Religión dentro de los límites de la mera Razón? No. Existe una forma, si bien sutil y oscura, de resolver esta aparente paradoja.

Sigamos, precisamente, el sesudo análisis de Evgenia Cherkasova al respecto:

Al distinguir “propensión” (Hang) de “predisposición” (Anlage), Kant busca explicar cómo los seres humanos pueden poseer una innata “propensión al mal”—ella sola la fuente de todas las máximas malas—a la vez que mantienen una responsabilidad personal e incondicional al elegir el mal y realizarlo. Esta es la forma en que define estos oscuros términos. Por “predisposición”, Kant se refiere “tanto [a] las partes constitutivas [de un ser] como también [a] las formas de su ligazón para ser un ser tal”. Las predisposiciones son “originales“, continúa Kant, “si pertenecen necesariamente a la posibilidad de un ser tal”, pero “contingentes si el ser sería en sí posible también sin ellas”. Lo central en la discusión de Kant en la Religión son únicamente aquellas disposiciones “originales” que tienen una referencia inmediata a la facultad de desear y al ejercicio de la Willkür [albedrío]. Una propensión, por otro lado, es definida como “el fundamento subjetivo de la posibilidad de una inclinación […] en tanto ésta es contingente para la humanidad en general”. De acuerdo a Kant, una propensión “se distingue de una [pre]disposición en que ciertamente puede ser innata, pero se está autorizado a no presentarla como tal, pudiéndose también pensarla (cuando es buena) como adquirida o (cuando es mala) como contraída por el hombre mismo”. (Cherkasova 2009: 56-57; Kant 2001: 46-47)[1]

Esto sigue siendo, por supuesto, problemático. La propensión implica cierta (pre)determinación de la libertad humana, pero de tal forma que nuestro albedrío sigue siendo responsable, puede elegir no contraerla. El razonamiento de Kant, tomando en cuenta las predisposiciones específicas que él mismo reconoce (a la animalidad, a la humanidad y a la personalidad), y los tres niveles de propensión al mal (fragilidad, impureza, malignidad), implicaría que las tres primeras operan y están presentes siempre, hagamos lo que hagamos, bien o mal, pues así estamos constituidos (¿biológicamente?), mientras que los tres grados de la propensión, si bien tan difundidos en la especie que son considerados justamente naturales, puede el ser humano sobreponerse, y el solo hecho de no hacerlo ya lo vuelve responsable moralmente, es decir, malo.

Esta entrada sirve como complemento a otra reciente, donde no se abordaba directamente lo que significa una propensión de esta naturaleza: Sobre la natural propensión del ser humano al mal moral. Si bien siguen más problemas que respuestas, no obstante, esperamos llegar al corazón del asunto en entradas próximas.


[1] La traducción a la cita de Cherkasova es mía, más sus citas a Kant son a la edición citada en esta misma bibliografía.

Bibliografía:

CHERKASOVA, Evgenia

Dostoevski and Kant: Dialogues on Ethics. Amsterdam: Rodopi, 2009. 

KANT, Immanuel

La Religión dentro de los límites de la mera Razón. Traducción de Felipe Martínez Marzoa. Madrid: Alianza Editorial, 2001.

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