Las cuatro historias del príncipe Myshkin: una “refutación” del ateísmo (o sobre lo que es propio de la religión)

Al príncipe Lev Nikolayevich, protagonista de El idiota, de Fiódor Dostoiesvki, le preguntan si cree o no en Dios, a lo que responde con cuatro historias distintas. Veamos una por una.

Una mañana viajaba en uno de los nuevos ferrocarriles y durante unas horas estuve hablando en mi compartimiento con un tal S. a quien conocí en el tren. Ya antes había oído decir muchas cosas de él y, entre otras, que es ateo. Es, a decir verdad, un hombre muy instruido, y yo me alegré de poder hablar con un verdadero erudito. Por añadidura, es hombre muy bien educado, de manera que me hablaba como si yo fuera su igual en conocimientos e ideas. No cree en Dios. Sólo una cosa me chocó en él: que no parecía estar hablando de ello durante todo ese tiempo, y me chocó precisamente porque antes, cuando yo tropezaba con incrédulos o leía libros de ellos, tenía la impresión de que no hablaban o escribían de ello, aunque al parecer ese era el tema. Se lo dije entonces, pero por lo visto no muy claramente, o quizá no me expliqué bien, porque él no me entendió en absoluto… (Dostoievski 1999: 315)

En esa ocasión me quedé a dormir en un hotel de la capital del distrito, donde la noche antes se había cometido un asesinato, y todo el mundo estaba hablando de ello cuando llegué. Dos campesinos de edad madura, que no estaban ebrios y se conocían desde hacía largo tiempo, mejor dicho, que eran amigos, habían tomado el té y apalabrado un cuartito para pasar la noche. Uno de ellos había notado que el otro llevaba un reloj de plata  colgado de una cadena amarilla de cuentas de cristal, reloj que no le había visto antes. Ese individuo no era un ladrón, más aún, era un hombre honrado y, en comparación con otros campesinos, no era ni mucho menos pobre. Pero tanto le gustó ese reloj y tanto le había tentado que, por fin, no pudo dominarse: cogió un cuchillo y, cuando su amigo le hubo vuelto la espalda, se acercó a él cautelosamente por detrás, calculó la distancia, alzó los ojos al cielo, se santiguó y dijo, en muda y desesperada plegaria: «¡Señor, perdóname por el amor de Cristo!», degolló a su amigo como si fuera un borrego y le quitó su reloj. (Dostoievski 1999: 315-316)

Por la mañana fui a dar un paseo por la ciudad […] y vi que por la acera venía tambaleándose un soldado borracho vestido estrafalariamente. Se me acercó y me dijo: «Señor, ¿quiere comprarme una cruz de plata? Se la doy en vente kopeks. ¡Una cruz de plata!». Y vi que tenía en la mano, en una cinta azul muy usada, una cruz que de seguro acababa de quitarse del cuello, pero que a ojos vistas era de estaño. Era una cruz de gran tamaño, octogonal y de perfil puramente bizantino. Saqué una moneda de veinte kopeks y se la di y en seguida me la puse al cuello; y vi por la expresión de su cara que estaba contento de haber engañado a un caballero imbécil, y… al momento fue a beberse lo que le di por la cruz. No cabía la menor duda. Yo, por aquellos días, sentía la fuerte impresión de todo lo que encontraba en Rusia; hasta entonces no había comprendido nada, como si me hubiese criado sordomudo, y tenía los recuerdos más fantásticos de ella durante mis cinco años en el extranjero. Pues bien, seguí andando y me dije: «No debo juzgar demasiado de prisa a este hombre que ha vendido su Cristo. ¡Sabe Dios lo que se oculta en estos corazones débiles y ebrios!».  (Dostoievski 1999: 316-317)

Una hora más tarde, cuando volvía al hotel, tropecé con una campesina con un niño de pecho. La mujer era todavía joven y la criatura tendría mes y medio. El niño le había sonreído por primera vez desde que nació. Vi que ella se santiguaba con gran devoción. «¿Por qué haces eso, muchacha?», le pregunté, porque entonces siempre andaba haciendo preguntas. Y ella contestó: «Al igual que una madre se regocija de ver la primera sonrisa de su niño, Dios también se regocija cuando ve desde el cielo a un pecador que se arrodilla ante Él orando de todo corazón». Eso fue lo que me dijo una campesina, casi con esas mismas palabras, y ese pensamiento tan profundo, tan sutil y genuinamente religioso, ese pensamiento que expresa de una vez todo lo esencial del cristianismo, o sea, la noción de Dios como nuestro Padre y el regocijo de Dios ante un hombre, como el de un padre ante su propio hijo, es el pensamiento principal de Cristo. ¡Una simple campesina! Una madre, es verdad… y ¿quién sabe? quizá fuera ella la mujer del soldado de marras. (Dostoievski 1999: 317)

Finalmente, el príncipe termina con la siguiente reflexión:

Escucha, Parfyon, hace un momento me hiciste una pregunta. Oye la respuesta: la esencia del sentimiento religioso no tiene nada que ver con el razonamiento, ni con las faltas o los delitos, ni con el ateísmo. Es algo enteramente diferente y siempre lo será; hay en ello un no sé qué en el que siempre resbalarán los ateos, quienes nunca hablan acerca de eso. (Dostoievski 1999: 317)

Wil van den Bercken ha señalado que más que aludir a un elemento irracional, lo que Dostoievski tiene en mente es el aspecto elusivo e inconmensurable de la fe (2011: 36).

Para otras entradas basadas en las palabras del príncipe Myshkin, ver: Ideas dobles (o sobre lo insondable en las propias motivaciones) y La aniquiladora crítica al catolicismo del príncipe Myshkin.

Para un blog dedicado al pensamiento religioso de Dostoievski, ver: Amor humilde.


Bibliografía:

DOSTOYEVSKI, Fiódor M.

El idiota. Traducción de Juan López-Morillas. Madrid: Alianza Editorial, 1999.

VAN DEN BERCKEN, Wil

Christian Fiction and Religious Realism in the Novels of Dostoevsky. Londres: Anthem Press, 2011. La traducción es mía.

6 comments

  1. SUEÑOS DE UN VISIONARIO

    tengo 3 preguntas:

    1. ¿digamos que todo “concepto de dios” o de “divino” derivado de la ontoteologia o metafísica tradicional que caracteres debe presentar? Que características tendría lo divino en la ontoteologia y la cosmoteologia?

    2. el “dios de la revelación cristiana” o toda divinidad que sea omnipotente, omnipresente y creadora seria el dios de la ontoteologia?
    una persona que niega al “dios” de la ontoteologia y de la metafísica tradicional, pero es sensible ante una posible existencia de “algo divino” se le puede considerar ateo?

    2. el pesimismo filosófico como ve las subjetividades como la ética, la religión, el “amor entre los seres humanos, cuidado del medio ambiente, etc? cual seria entonces el aporte del pesimismo filosófico a la existencia?

  2. SUEÑOS DE UN VISIONARIO

    tengo 3 preguntas:

    1. ¿digamos que todo “concepto de dios” o de “divino” derivado de la ontoteologia o metafísica tradicional que caracteres debe presentar? Que características tendría lo divino en la ontoteologia y la cosmoteologia?

    2. el “dios de la revelación cristiana” o toda divinidad que sea omnipotente, omnipresente y creadora seria el dios de la ontoteologia?
    una persona que niega al “dios” de la ontoteologia y de la metafísica tradicional, pero es sensible ante una posible existencia de “algo divino” se le puede considerar ateo?

    2. el pesimismo filosófico como ve las subjetividades como la ética, la religión, el “amor entre los seres humanos, cuidado del medio ambiente, etc? cual seria entonces el aporte del pesimismo filosófico a la existencia?

    1. ZONA DE CAOS

      1. considero, siguiendo lo planteado en la Crítica de la razón pura, que no podemos conocer características de la divinidad, a lo más podemos postular un Dios moral que nos sirva de soporte a la reflexión acerca de nuestro lugar en el mundo.

      2. creo que el Dios cristiano puede interpretarse de muchas formas. se puede negar al dios de las disciplinas que mencionas, pero mantener un concepto de la divinidad como el que planteo en “1”. definitivamente se puede negar ese “dios” que mencionas sin caer en el ateísmo, que supone que de alguna forma “conocemos” que no existe Dios. pero, cómo podríamos saberlo?

      2b. supongo que con pesimismo filosófico te refieres al nihilismo. creo que hay muchas corrientes de dicho pensamiento como para hacer un comentario general. lo que tengo claro es que, después de la muerte del Dios de la metafísica, debemos igual sobreponernos, como sea, para afrontar los problemas reales que amenazan nuestra existencia.

      muchas gracias por tus preguntas!

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