Ilustración: cuatro acusaciones y una defensa

A la Ilustración se la ha culpado del fascismo, del imperialismo, del comunismo y hasta del huracán Katrina. En Moral Clarity, Susan Neiman agrupa las acusaciones (que a decir verdad vienen desde los mismos días del máximo apogeo de la Ilustración, en el siglo XVIII, y se han repetido una y otra vez) en estas cuatro:

1. La Ilustración sostuvo que el género humano era por naturaleza bueno e infinitamente perfeccionable, ignorando despreocupadamente toda la evidencia acerca de la naturaleza humana para producir una imagen que es tan bonita como alejada de la realidad.

2. La Ilustración sostuvo que todo problema se podía solucionar por la razón, arrogantemente sobrestimando el intelecto y subestimando las emociones.

3.La Ilustración sostuvo que nada era sagrado e hizo de todo algo profano. Su posición es una de incesante irreverencia, ignorando la necesidad humana de lo sagrado.

4. Cuando la Ilustración sí veneró algo, fue la tecnología que creyó solucionaría todos los problemas. Pero en vez de traer el progreso que pensó inevitable, nos dirigió directamente a Auschwitz. (Neiman 2008: 110-11)

El resultado de estas críticas es la caricatura del fanático racionalista que la Ilustración misma condenó, y de la que además se burló  de forma despiadada. En realidad son insostenibles.

Esto nos lleva a preguntarnos, ¿a qué se debe, entonces, su popularidad? Neiman señala:

La Ilustración ha llegado a identificarse con la modernidad. Sospecho que el monstruo llamado Ilustración es un reflejo de nuestros propios temores; en particular, el miedo de que la vida moderna está en peligro de robarnos nuestras almas. El desencantamiento del mundo es una cosa, la desmitificación de la naturaleza humana otra bastante distinta. Mientras más son descubiertos los propios secretos, más puede uno sentir que no le queda nada de su propio ser [self]. (Neiman 2008: 112)

La Ilustración, más bien, será descrita como “apuntando no en contra de la reverencia, sino de la idolatría y la superstición; nunca creyó que el progreso era inevitable, sino únicamente posible” (Neiman 2008: 112).

La Ilustración, el siempre falible pensar por uno mismo, requiere que nos hagamos responsables de nuestros sueños así como de nuestro lugar en el mundo.

Más sobre esto en próximas entradas.

Para otra entrada basada en el libro de Neiman, ver: Susan Neiman sobre el pensamiento político de Carl Schmitt.


Bibliografía:

NEIMAN, Susan

Moral Clarity: A Guide for Grown-Up Idealists. Orlando: Harcourt, 2008. Las traducciones son mías.

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