Sobre la absurda e insostenible lectura de Michel Onfray sobre la ética de Immanuel Kant

En su ensayo “Un kantiano entre los nazis”, Michel Onfray afirma:

En ninguna parte, Kant dice que haya que examinar el contenido de una ley —ética o política— antes de decidirse a obedecerla o a infringirla, a rebelarse contra ella o a observarla. ¿Es ésta la falla del pensamiento kantiano en la que puede precipitarse el nazismo? Esta idea no deja ningún lugar a la cuestión del examen de los contenidos, pues se limita a disponer que cada individuo sea un súbdito dócil de la ley moral y de la de su país. (Onfray 2009: 23-24)

En la misma Fundamentación de la metafísica de las costumbres, Kant afirma que no podríamos considerarnos obligados por el imperativo categórico a no ser por la existencia de un motivo, un fin válido para todos y en todo momento (que posea valor absoluto). Este fin es la humanidad, o la naturaleza racional presente en los seres humanos, que nos vuelve fines en sí mismos, y nos otorga una dignidad irrenunciable.

Este “contenido” de la ley moral nos es dado por la razón pura, y postulamos su validez a priori.

Ahora, ciertamente Onfray se refiere a algo así como a lo que dice un principio moral determinado, como “no mentir”. Pero dicho principio moral sólo será válido si muestra respeto, en una situación determinada, a la ley moral, o de forma más específica, a la dignidad de cada ser humano que pueda verse involucrado por nuestras acciones, y es por eso que Kant afirma que la práctica de la virtud (que es la moralidad misma) siempre termina en una casuística, para la cual necesitamos de un juicio bien afinado.

Es esa la facultad humana de juzgar a la que se refiere Hannah Arendt, el juicio del sentido moral común, o “la burda facultad de someter un hecho al régimen corriente de la razón o la conciencia” (2009: 23), que Onfray descarta sin explicar por qué, por su irreflexivo prejuicio que parece sostener que la ética de Kant estuviese completamente desconectada de la moralidad del ciudadano de a pie (Kant niega esto reiteradas veces en la Fundamentación y en otros lados). Este juicio que todos tenemos y usamos constantemente sólo puede ser reforzado por una metafísica de las costumbres, mas no radicalmente reinventado.

Es absolutamente imposible, justificar desde la ética de kant, cualquier acción que atente contra la dignidad de una persona.

En el ámbito de la legalidad, Onfray parece ignorar también lo que Kant afirma en “Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración?, que si bien en tanto funcionarios tenemos siempre que obedecer, si las órdenes que se nos imponen se contraponen irreconciliablemente con nuestros principios morales, estaremos obligados moralmente a renunciar al cargo, al margen de cualquier perjuicio que esto nos pueda traer.

Además, tenemos el famoso ejemplo presente en la Crítica de la razón práctica, según el cual un súbdito se ve moralmente obligado, con perjuicio del bienestar de su propia familia, a evitar mentir por pedido del Rey mismo para inculpar a un hombre inocente.

¿Qué le pasa a Michel Onfray? Es raro que justamente habiendo criticado justamente las infundadas y superficiales críticas a Friedrich Nietzsche proceda a hacer lo mismo con la filosofía de Kant.

Más tarde, o mañana, actualizo esta entrada con las referencias respectivas.


Bibliografía:

Onfray, Michel

El sueño de Eichmann. Precedido de Un kantiano entre los nazis. Barcelona: Editorial Gedisa, 2009.

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