Jesús de Nazaret, una mera interpretación racional

«No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos». (Mateo 7:21)

¿Cómo entender a Jesús? Desde la Ilustración, ya no hay marcha atrás en cuanto a descartar todos los aspectos sobrenaturales presentes en el Nuevo Testamento, incluso el más importante de todos: el misterio de la divinidad encarnada. No podemos saber si Dios existe, y menos aún afirmar que embarazó a una mujer y dio a luz a un niño. En realidad, tal asunto carece de importancia.

La pregunta de cómo entender a Jesús debe pensarse, entonces, desde un punto de vista netamente moral: ¿qué podemos aprender de Jesús? La respuesta no sólo no debe negar la tradición hermenéutica cristiana, sino enriquecerse de ella; sin embargo, el criterio último debe ser nuestra autonomía moral, el pensar por nosotros mismos que Kant creía, sobre todo en temas religiosos, era imprescindible para salir de la culposa minoría de edad. Kant llamará a esta capacidad presente en todas las persona una fe religiosa pura, o una mera fe racional (2001: 128), que equivale a la capacidad de conocer por nosotros mismos la voluntad de Dios (2001: 130). Esta fe racional se distingue de la fe eclesiástica o histórica, que contiene creencias específicas (dogmas) acerca de hechos (como, por ejemplo, que Jesús murió en la cruz y resucitó, que su madre, María, era vírgen, o que Jesús convirtió el agua en vino). Esta fe eclesiástica no es nociva en sí misma, sino únicamente cuando se sobrepone a la fe religiosa pura, negándola.

Haremos, pues, uso de esta capacidad humana para abordar, en una serie de entradas, distintas imágenes del Nuevo Testamento. El objetivo no es meramente traducir problemas que son centrales para el Cristianismo, tales como la inmortalidad del alma, el infierno, el Reino de Dios, etc., desmitificarlos y simplificarlos, perdiendo así su riqueza. El objetivo será entender la significación moral de tales imágenes, o al menos, una interpretación posible. No buscamos simplificar la religión, sino, más bien, enriquecer el lenguaje de la moralidad.

En esta entrada inicial me extenderé sobre algunos lineamientos generales.

Negar cualquier realidad sobrenatural en la figura de Jesús no responde únicamente a la predominante visión científica del mundo (que de por sí es suficiente para negar cualquier milagro), sino que responde a un interés moral.

Dostoievski, en boca de Iván Karamázov, expresa esto a la perfección:

Tú no bajaste de la cruz, cuando te gritaban, ensañándose y burlándose: “Bájate de la cruz y creeremos que eres tú.” No bajaste, porque tampoco quisiste esclavizar al hombre con un milagro, anhelabas una fe libre, no milagrosa. Anhelabas un amor libre, no el servil entusiasmo del esclavo ante un poderío que les aterrorizara de una vez para siempre. (Dostoievski 1996: 412)

Si siguiéramos a Jesús porque nos consta que tiene un poder divino, verdaderamente de otro mundo, entonces nuestras acciones no serían verdaderamente morales, sino interesadas, apuntando a evitar el infierno y en miras de la vida eterna, cual niños que obedecen para evitar el castigo y obtener un premio.

Debe resultar completamente obvio lo equivocada que ha estado, y sigue estando, la Iglesia Católica, y cualquier otra Iglesia, cuando intenta convencer a sus fieles a actuar con cualquier tipo de amenaza, incentivo o desinformación. Es un operar intrínsecamente corrupto, que debe ser gradualmente erradicado de cualquier práctica religiosa, y no debe ser moralmente tolerado.

El mensaje del Nuevo Testamento, entonces, se puede pensar como promoviendo nada más que un tipo de conducta, y la religión no sería otra cosa que la práctica de dicha conducta en comunidad con otros, o realizar la voluntad del Padre. Esta conducta nos parecerá loable y digna de seguir gracias a nuestra capacidad autónoma de reconocerla como tal. Esto no excluye la presencia de una fe eclesiástica específica, es decir, ciertos dogmas, en la medida que estén subordinados y sean conformes a la fe religiosa pura.

Amén.


Bibliografía:

DOSTOIEVSKI, Fiódor M.

Los hermanos Karamázov. Traducción de Augusto Vidal. Madrid: Cátedra, 1996.

KANT, Immanuel

La religión dentro de los límites de la mera razón. Traducción de Felipe Martínez Marzoa. Madrid: Alianza Editorial, 2001.

6 comments

  1. Interesante, Martín. El problema que habrá que abordar, espero que lo hagas, es el de la validez de tu marco conceptual. ¿La religión merece ser tratada de modo estrictamente racional? ¿Qué se comprende por racional aquí? ¿Tiene la religión, por su objeto y sus fines, un estatuto epistemológico (y cognitivo) distinto al de otras experiencias humanas?, ¿suficientemente distinto como para demandar un método de análisis que no sea el de una “mera interpretación racional”? Estaré atento al modo en que estas preguntas encuentren respuesta o no en tus posts, desde ya te digo que leeré con mucho interés.

  2. Hola Raúl. Gracias por las preguntas, que me servirán como guía para abordar el problema del marco conceptual en una futura entrada. Puede adelantar una respuesta general. El marco conceptual, en la medida que se encuentra en el nivel de la razón, tendrá siempre cierto carácter de arbitrariedad. Es decir, los conceptos no son descubiertos, sino que son pensados, y su “validez” sólo se puede evaluar en la medida que nos sirvan para reflexionar con mayor claridad sobre un tema tan “gaseoso”.

    En la medida que es una interpretación racional, también es una interpretación netamente moral. Pero que sea una interpretación racional no equivale a que sea una interpretación kantiana. Yo haré uso del aparato conceptual de Kant, que me parece puede ser ilustrativo. Pero no dudo que hayan otros, que tal vez no se reconozcan como racionales, pero al menos yo entiendo que cualquier uso no dogmático de nuestro entendimiento dirigido a las ideas de Dios y de la inmortalidad del alma es racional.

    Espero que estas ideas queden más claras conforme vayan saliendo los posts. Saludos.

    1. Sin duda, Martín. Con lo que dices me aclaras un poco el panorama, gracias. Veremos cómo procede el argumento, entonces. Leeré con atención, el tema me interesa mucho.

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