La segunda sección de la Fundamentación explicada en una cara y media

He adquirido hace poco una guía de lectura de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, en inglés, de uno de los intérpretes de Kant con mayor reconocimiento en la actualidad: Paul Guyer.

Entrando en el capítulo correspondiente a la segunda sección, me encuentro con un recuento de la argumentación central del libro (4:412-4:437), en la que Kant deriva el imperativo categórico de conceptos filosóficos como el de una voluntad racional.

Paul Guyer.

Este recuento, en una página y media, es tan bueno que me veo obligado a traducirlo y reproducirlo acá, pues da una excelente visión de conjunto de la segunda sección, incluso conectándola con la primera y tercera.

Ahí va:

Kant supone que ‘la filosofía moral popular’ intenta derivar principios morales desde observaciones empíricas de sentimientos y conductas humanas específicas; como él lo ve, un acercamiento tal no puede nunca dar lugar a genuinos principios universales y necesarios, mas un análisis conceptual de las leyes que un agente verdaderamente racional — un ser racional dotado de una voluntad — pueda seguir sí. El argumento central de la segunda sección puede ser por consiguiente entendido como un intento de derivar las varias formulaciones del imperativo categórico de aspectos claves del concepto de un agente racional.

De forma resumida, el argumento es este [NT: qué maestro]: A diferencia de objetos ordinarios, que actúan de acuerdo a leyes de la naturaleza mas no con cualquier tipo de conciencia de dichas leyes, un agente racional es aquel que actúa con y ciertamente desde la conciencia de las leyes de su conducta. Además, mientras que algunas leyes de conducta son sólo medios para ciertos fines particulares, y su fuerza depende para tales agentes de si adoptamos dichos fines — estos son lo que Kant llama ‘imperativos hipotéticos‘, pues su fuerza descansa sobre la hipótesis de que un agente posee ese fin relevante — otros pueden reconocerse como siendo universal y necesariamente válidos, como aplicándose categóricamente, sin ninguna condición — en otras palabras, imperativos categóricos. Pero el único candidato para el estatus de un imperativo categórico es el imperativo que Kant ha alcanzado ya en la primera sección, a saber el mandato de actuar sólo de acuerdo a aquellas máximas que puedan ser a la vez leyes universales. De tal forma, un agente racional que busque actuar según una ley universal y necesariamente válida tendría que actuar de acuerdo al principio de actuar sólo con máximas universalizables.

A continuación, Kant añade a la concepción de un agente racional la suposición de que dicho agente no actuaría sin alguna meta u objeto — un fin — en su mira, aunque ese no puede ser un fin puesto por inclinación alguna, o uno cuyo valor esté condicionado por la presencia de una inclinación tal. El fin que un agente enteramente racional tiene en mente debe ser algo que sea un fin en sí mismo, o un fin incondicionado. Kant proclamará luego que el único candidato para un fin tal es el ser racional mismo, o, en la forma en que estamos familiarizados con el concepto, ‘humanidad’, y que el valor incondicional de este fin es el fundamento de cualquier imperativo categórico posible, esto es, el valor que justifica y nos obliga a seguir el imperativo categórico como ya ha sido expuesto.

Kant equipara la humanidad con la habilidad de fijar los propios fines libremente, una capacidad que puede preservarse en todos los agentes sólo si cada agente acepta el principio de actuar sólo según las máximas que cualquiera pueda libremente aceptar y seguir, una condición ciertamente realizada por máximas universalizables.

Desde estos resultados, Kant derivará la más avanzada conclusión que sostiene que un agente enteramente racional actuará sólo de acuerdo a aquellas máximas que reconocen la libertad de todos de determinar las leyes de su propia conducta, esto es, máximas que puedan ser libremente legisladas por todos y para todos. Prestándose un término de la antigua teoría política, Kant llama ‘autonomía‘ a la condición de actuar sólo según leyes que uno pueda legislar libremente para sí mismo, pero agrega que las únicas leyes tales son aquellas que cualquiera pueda libremente legislar para cualquier otro.

En consecuencia, un agente autónomo en una comunidad de agentes autónomos en la que cada uno respeta completamente la autonomía de todos los otros no actuaría exclusivamente según las máximas que reconocen el derecho de todos los agentes para determinar libremente sus propios fines particulares, sino que también promovería la realización de aquellos fines en la medida que sea posible y consistente con la universabilidad de las máximas libremente legisladas por todos. En otras palabras, agentes autónomos racionales genuinos constituirían también un ‘reino de los fines‘, una ‘totalidad de fines (de seres racionales como fines en sí mismos así como de los fines particulares que cada uno se fije para sí mismo)’ (4:433).

Como Kant sugiere, este resultado puede alcanzarse también haciendo énfasis en el papel de la sistematicidad presente en la concepción de racionalidad: un agente racional actúa sistemáticamente, apuntando así necesariamente a la sistematicidad tanto en la legislación como en la búsqueda de fines particulares.

Todo esto, Kant supone, puede derivarse de un análisis correcto del concepto puro de un agente racional, y en ese sentido es claramente una alternativa respecto de una ‘filosofía moral popular’ de base empírica. Pero […] demostrar que somos de hecho agentes racionales que pueden tanto como deben alcanzar la meta de la autonomía mediante su adherencia al imperativo categórico en estas varias formulaciones tendrá que esperar a la tercera sección de la Fundamentación[1].

Ciertamente me parece que este recuento será de mayor utilidad para docentes que tengan que estructurar algunas clases sobre dicha sección que como resumen para un despistado alumno que no ha leído el texto o faltado a clases.

Finalmente, recuerdo que este blog se inició a su vez con un intento de explicar mejor el papel del imperativo categórico en la ética de Kant.


[1] Paul Guyer, Kant’s Groundwork for the Metaphysics of Morals: A Reader’s Guide (New York: Continuum, 2007). La cita corresponde a las páginas 67 y 68, y la imperfecta y no autorizada traducción es hecha nada menos que por mí. El subrayado en negritas es mío, mas no el que está en cursivas. He separado el texto en párrafos, pues originalmente se encuentra todo en un único gran párrafo.

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