Intersubjetividad

Cualquier teoría—ya sea ética o epistemológica—que quiera sentar sus bases en la subjetividad, y no quiera quedarse en un relativismo tonto o en el solipsismo, no necesita más que mirar un poco más allá de sus narices y ver que al hablar de subjetividad, se hace referencia necesariamente a la intersubjetividad.

Tal es el caso de la ética de Kant, que a pesar de las infundadas acusaciones de solipsista o monológica (léase Habermas), tiene su base principal (mas no última) en la intersubjetividad.

Intersubjetividad

Momento, ¿pero acaso su ética no descansa en la voluntad racional práctica del sujeto? Cierto, pero la razón no puede considerarse aislada o como existiendo de forma independiente en un solo individuo. Es inherente a la razón—tal como la entendía Kant, y en general, el pensamiento ilustrado—que sea siempre compartida. No pueden haber “razones” que sólo sean válidas para una persona.

De ahí que no debiera sorprendernos que, en la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, habiendo ya Kant introducido la tercera y más completa fórmula del imperativo categórico, la justifique de la siguiente forma:

La necesidad práctica de obrar según ese principio, es decir, el deber, no descansa en sentimientos, impulsos e inclinaciones, sino sólo en la relación de los seres racionales entre sí, relación en la que la voluntad de un ser racional debe considerarse al mismo tiempo legisladora, pues si no no podría pensarse fin en sí mismo. La razón vincula, pues, toda máxima de la voluntad como universalmente legisladora a cualquier voluntad y también a cualquier acción para consigo misma, y esto no en virtud de ningún otro motivo práctico o en vista de algún provecho futuro, sino por la idea de la dignidad de un ser racional que no obedece otra ley que aquella que él se da así mismo[1].

De forma paralela, Edmund Husserl, en sus investigaciones epistemológicas, al intentar fundamentar la objetividad en el sujeto, notaría que su base inevitablemente sólo puede hallarse en la intersubjetividad.

Kant iría aún más lejos, señalando que la intersubjetividad no es sólo la condición necesaria para la existencia de deberes éticos, sino que además terminaría su última obra sobre ética estableciéndola también como requerimiento para el progreso moral de nuestra especie, de tal forma que:

[…] no puede esperarse del libre acuerdo de los individuos, sino tan sólo de una progresiva organización de los ciudadanos de la Tierra dentro de la especie y para la especie como un sistema unificado cosmopolíticamente[2].

Y eso es todo por hoy.


[1] Immanuel Kant, Fundamentación de la metafísica de las costumbres (Madrid: Espasa Calpe, 2004). Páginas 111 y 112. El subrayado es mío.

[2] Immanuel Kant, Antropología en sentido pragmático (Madrid: Alianza Editorial, 2004). Página 281.

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