¿Postmodernidad?

En las mismas líneas de mi artículo anterior—sobre el relativismo cultural—, se me ocurrió volver sobre uno de los temas que más me interesaron (desde afuera) durante mis estudios de pregrado: la postmodernidad.

Y es que nunca llegué a conectarme con la idea, pues siempre me pareció que, al criticar a la modernidad, o Ilustración, se hacían de sus principales valores, y terminaban criticando ciertos despreciables aspectos presentes en la cultura moderna como el totalitarismo, como si estos derivasen de aquellos valores ilustrados.

Criticaban, también, como pan de cada día a la “razón”, cuando en realidad querían criticar la razón instrumental del nazismo, por ejemplo, que está a años luz de distancia de la razón propiamente ilustrada, que es una razón moral, habiendo pasado también por la prudencial (véase este breve artículo sobre cómo está constituida la razón práctica ilustrada).

Ya concluyendo el libro de Allen W. Wood, Unsettling Obligations, me topé con un imperativo y categórico ataque a la pose postmoderna (pues en realidad, en tanto propiamente modernos, es innegable que muchos de sus aportes resultan verdaderamente valiosos). Veamos.

Por ejemplo, tiene mucho sentido apelar a los valores modernos de la Ilustración representados por la moral utilitarista o kantiana (esto es, el valor de la felicidad humana y de la autonomía racional) al atacar aquellos aspectos de la moralidad (ya sean de contenido o estructurales) que son pre-modernos, anti-racionales y contra-Ilustración en su naturaleza (es decir, los aspectos de la moralidad que se derivan de cosas tales como disfunción psicológica, superstición religiosa, opresión social, o represión sexual).

Los ‘postmodernistas’ usualmente no señalan claramente dónde se colocan respecto de estos asuntos. Su amor por la paradoja por sí misma los vuelve reacios a distinguir entre las formas coherentes e incoherentes de sus propias doctrinas, incluso cuando esto haría de sus doctrinas más plausibles. Además, en la práctica, apelan usualmente a los valores ilustrados, aunque muy seguido identifican confusamente los mismísimos valores a los que en realidad apelan con el enemigo al que buscan atacar. Concluyo que su forma de atacar la moral se mantendrá sin esperanza y sin merecer seria atención a menos que le otorguen algo de valor a la coherencia racional y consecuentemente distinga los valores (racionalistas, modernos e ilustrados) con los que se encuentra en última instancia comprometidos de las características (anti-modernas, anti-racionalistas, contra-Ilustración) de la cultura moderna que constituyen propiamente los objetos de sus ataques. Pero por supuesto que, para lograr este grado de claridad [self-clarity], la ‘postmodernidad’ tendría que abandonar ese nombre, al igual que la mayoría de posturas retóricas y vanas de las que sus seguidores son tan devotos.

En momentos como este me gustaría ser un “postmoderno”, sólo para poder decir: touché.


[1] Allen W. Wood, Unsettling Obligations: Essays on Reason, Reality and the Ethics of Belief (Stanford: CSLI Publications, 2002). La imperfecta traducción es mía, y corresponde a la página 210.

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