La caída, o la necesidad de actuar incluso cuando todo parece perdido

En La caída—novela de Albert Camus magistralmente escrita en segunda persona—se relata la historia de un joven y exitoso abogado parisino, que sin embargo da cuenta de su insignificancia cuando, regresando a su casa a altas horas de la noche, le ocurre lo siguiente:

Sombrío Albert Camus.

Me sentía feliz con aquel paseo, un poco abotargado, tranquilo de cuerpo, irrigado por una sangre suave como la lluvia que caía. En el puente pasé por detrás de una sombra inclinada sobre el pretil que parecía contemplar el río. De más cerca advertí que se trataba de una mujer joven y delgada que vestía de negro. Entre los cabellos oscuros y el cuello del abrigo solamente se veía su nuca, fresca y mojada, y fui sensible a ella. pero proseguí mi camino después de una breve duda. Al otro extremo del puente, seguí por los muelles en dirección a Saint-Michel, donde vivía. Había recorrido ya unos cincuenta metros aproximadamente cuando oí el ruido de un cuerpo que cae al agua y que a pesar de la distancia me pareció formidable en el silencio nocturno. Me detuve en seco pero sin darme la vuelta. Casi al momento oí un grito que se repitió varias veces, bajaba también con la corriente del río y cesó de repente. En la noche súbitamente petrificada, el silencio que siguió me pareció interminable- Quise correr y no pude moverme. Temblaba, creo que de frío y de crispación. Me dije que tenía que apresurarme y sentí que una debilidad irresistible me invadía el cuerpo. he olvidado lo que pensé entonces. «Demasiado tarde, demasiado lejos…» o algo por el estilo. Seguí escuchando, inmóvil. Después, me alejé con pasos cortos, bajo la lluvia. No avisé a nadie.

Bien, ya hemos llegado, ésta es mi casa, mi refugio- ¿Mañana? Sí, como usted quiera. le llevaré con gusto a la isla de Marken, así verá el Zuiderzee. Quedamos a las once en el «Mexico-City». ¿Cómo? ¿Aquella mujer? ¡Ah! No lo sé, de verdad que no lo sé. Al día siguiente no leí los periódicos, ni tampoco en días consecutivos[1].

Mi interpretación de lo ocurrido se centra en la incapacidad de actuar para ayudar verdaderamente a otros por parte del protagonista, y las posteriores excusas que tratan de justificar esta inacción, como principal problema de la condición del hombre, que de alguna forma le revela su carácter de mero accidente cósmico—hago referencia a Allen W. Wood (ver segunda cita de la columna derecha de este blog)—ante la cual no puede sobreponerse.

Me pregunto: ¿Cuántas veces nos hemos dicho a nosotros mismos “demasiado tarde, demasiado lejos…”?


[1] Albert Camus, La caída (Madrid: Alianza Editorial, 2005). La cita corresponde a las páginas 62 y 63.

One comment

  1. en más de una ocasión, seguro que si.
    es curioso como evadimos siempre a los que se caen a nuestras espaldas y luego nos atrevemos a ofendernos cuando pasa al contrario.

    Suena muy interesante esta novela. me gusta la forma de narrar. la tendré presente.
    saludos!

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