La muerte de Dios

Es bastante conocida la doctrina de la muerte de Dios, proclamada inicialmente por Friedrich Nietzsche, y luego seguida por muchos.

Personalmente, me parece que Jean-Paul Sartre ha sido quien mejor ha expresado el espíritu de esta doctrina en sus obras de literatura—en especial en su teatro—, y justamente quiero compartir en este post un fragmento de El diablo y Dios, en donde me parece se expresa de forma magistral—y concentrada—. Veamos.

Heinrich: ¿Para qué simulas hablarle [a Dios]? De sobra sabes que no responderá.

Goetz: ¿Y por qué ese silencio? Él, que se hizo visible a la burra del profeta, ¿por qué se niega a mostrárseme?

Heinrich: Porque tú no cuentas. A Dios le importa un bledo que tortures a los débiles o te martirices a ti mismo, que beses los labios de una cortesana o los de un leproso, que mueras de privaciones o de voluptuosidades.

Goetz: ¿Quién cuenta, entonces?

Heinrich: Nadie. El hombre no es nada. No te hagas el sorprendido; siempre lo supiste. Lo sabías cuando echaste los dados. ¿Por qué, si no, hubieses hecho trampa? (Goetz trata de hablar.) Hiciste trampa: Catalina te vio, forzaste la voz para cubrir el silencio de Dios. Las órdenes que pretendes recibir, eres tú quien te las envías.

Goetz (reflexionando): Sí, yo.

Heinrich (sorprendido): Pues sí. Tú mismo.

Goetz (el mismo tono): Sólo yo.

Heinrich: Sí, te digo que sí.

Goetz (levantando la cabeza): Sólo yo, cura, tienes razón. Sólo yo. Yo suplicaba, mendigaba un signo, enviaba al cielo mis mensajes; y no había respuesta. El cielo ignora hasta mi nombre. A cada minuto me preguntaba lo que podía ser yo a los ojos de Dios. Ahora sé la respuesta: nada. Dios no me ve, Dios no me oye, Dios no me conoce. ¿Ves ese vació por encima de nuestras cabezas? Es Dios. ¿Ves esa brecha en la puerta? Es Dios. ¿Ves ese agujero en la tierra? También es Dios. El silencio, es Dios. La ausencia, es Dios. Dios es la soledad de los hombres. Estaba yo solo; yo solo decidí el Mal; solo, inventé yo el Bien. Fui yo quien hizo trampa, yo quien hizo milagros, yo quien me acuso hoy, sólo yo puedo absolverme; yo, el hombre. Si Dios existe, el hombre es nada; si el hombre existe… ¿Adónde vas?

La cita ya la puse antes en este blog, como parte de mi ponencia del Simposio de Estudiantes de Filosofía del año 2008.

2 comments

  1. El hombre es nada delante de Dios, eso lo denota la biblia en varios pasajes, pero dice de Abraham que fue su amigo, de Ciro que fue su ungido, de Pablo que le era necesario padecer por su nombre, se refiere a Jacob con palabras de cariño, a Daniel le dice que lo escuchó desde el primer instante que se dirigió a El, a David que lo formó desde el vientre, a Jeremías que pone en su boca palabras como fuego y lo separó antes de nacer.

    Hay un Dios que perdura y perdurará, el de Biblia. Hay otros dioses que el hombre – caso Nietzche – se para inventando según sus propios parametros y esos dioses paran mueriendo a cada rato y nosotros ilusos lo tomamos como si hablaran de Dios, cuando nunca lo conocieron.

    Slds

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