La muy importante diferencia entre la voluntad y el albedrío

Sigo con mi investigación sobre el mal radical, que ya mencioné en este post, y sobre la cual planeo ir publicando notas relativamente aisladas, pero de alguna forma autosuficientes.

El misterioso camino del albedrío... o algo así.

Veamos como se da esta importante diferencia en la filosofía moral de Immanuel Kant.

Las leyes proceden de la voluntad; las máximas, del albedrío. Este último es en el hombre un albedrío libre; la voluntad, que no se refiere sino a la ley, no puede llamarse ni libre ni no libre, porque no se refiere a las acciones, sino inmediatamente a la legislación concerniente a las máximas de las acciones (por tanto, la razón práctica misma), de ahí que sea también absolutamente necesaria y no sea ella misma susceptible de coerción alguna. Por consiguiente, sólo podemos denominar libre al albedrío[1].

No es una cita sencilla en lo absoluto, pero se puede ver claramente que la legislación moral no depende de cada uno, y es por lo tanto universal. Así, sólo nos podemos considerar autónomos cuando obedecemos la ley moral, es decir, cuando nuestro albedrío se conforma a la voluntad.


[1]Immanuel Kant, La metafísica de las costumbres (Madrid: Editorial Tecnos, 1989). La cita corresponde a la página 33. He cambiado “arbitrio” por su sinónimo “albedrío”.

 

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