El origen de la libertad – I

Tras mi post de hace algunos días sobre el mundo noumenal, y su papel dentro de la ética de Kant, me quedé pensando sobre el problema de la libertad, y cómo hacerlo inteligible hoy. La serie de tres artículos a la que doy inicio estará dedicada justamente a tratar de pensar el problema con claridad, basándonos en algunos textos de Kant que creemos sirven todavía hoy en día para defender su teoría ética. De aquí que, siguiendo a Allen W. Wood, estemos hablando más de ética kantiana (teoría ética que puede sostenerse hoy, pero fuertemente basada en sus textos), que de la ética de Kant (pues en ese caso, tendríamos que limitarnos a darle coherencia a todos sus textos sobre el tema).

Este primer artículo se centrará en la parte metafísica del problema, el segundo hará énfasis en la parte racional, mientras que el tercero se concentrará en la parte histórica.

La diferencia entre fenómeno y noumeno como una forma de pensar la libertad del albedrío

Empezaremos introduciéndonos inmediatamente en el problema con la siguiente cita, que trata de explicar cómo podemos entender sin contradicción el concepto de un deber del hombre hacia sí mismo, y a la vez aludiendo a la distinción entre los dos ya infames mundos.

En la conciencia de un deber hacia sí mismo el hombre se considera, como sujeto de tal deber, en una doble calidad: primero como ser sensible, es decir, como hombre (como perteneciente a una de las especies animales); pero luego también como ser racional ( Vernunftwesen ) (no simplemente como un ser dotado de razón ( vernünftiges Wesen ), porque la razón en su facultad teórica bien podría ser también la cualidad de un ser corporal viviente), al que ningún sentido alcanza, y que sólo se puede reconocer en las relaciones práctico-morales, en las que se hace patente la propiedad inconcebible de la libertad por influjo de la razón sobre la voluntad internamente legisladora.

Ahora bien, el hombre, como ser natural dotado de razón ( homo phaenomenon ), puede ser determinado por su razón, como causa, a realizar acciones en el mundo sensible, y con esto todavía no entra en consideración el concepto de una obligación. Pero él mismo, pensado desde la perspectiva de su personalidad, es decir, como un ser dotado de libertad interna ( homo noumenon ), se considera como un ser capaz de obligación y, particularmente, de obligación hacia sí mismo (la humanidad en su persona): de modo que el hombre (considerado en el doble sentido) puede reconocer un deber hacia sí mismo, sin caer en contradicción consigo (porque no se piensa el concepto de hombre en uno y el mismo sentido)[1].

La cita es extensa y rica en contenido, por lo que la abordaremos en partes, a lo largo de los tres artículos. En el presente, daremos más importancia a la segunda parte de la cita.

Kant nos dice que debemos pensar el concepto de hombre en dos sentidos. Sin embargo, no es arbitrario que Kant use palabras como “pensar” (dos veces) y “considerar” (tres veces), que no afirman la existencia metafísica del hombre en estos dos planos (fenoménico y noumenal), sino que simplemente nos llevan a pensarlo de esa forma para hacer inteligible el problema de la libertad sin contradicción con el orden natural del mundo (y por lo tanto, el deber del hombre como ser fenoménico hacia el mismo hombre, pero ahora tomado como ser noumenal). En ningún momento Kant intenta explicar cómo se da esta relación, o cómo interactúan estos dos mundos. ¡Y es que, nunca afirma la existencia efectiva de dos mundos distintos!

¿Hay un abismo insalvable entre el mundo fenoménico y el noumenal?

¿Hay un abismo insalvable entre el mundo fenoménico y el noumenal?

Estas limitaciones pueden decepcionar a algunos, si es que nos hacemos preguntas de índole metafísica o epistemológica para las que no tenemos respuesta. Sin embargo, es conforme a la filosofía crítica el aceptar que, al tratar tales problemas, hemos entrado en el ámbito del pensar, y ya no del conocer, y dicho ámbito importa en tanto tiene consecuencias prácticas, por lo que si consideramos la argumentación de Kant sobre este punto, como un razonamiento práctico, entonces tenemos que es una argumentación suficiente (mas lejos de ser perfecta).

Argumentación suficiente, porque nos pone en el ámbito correcto (del pensar) y nos libra de la contradicción colocando la libertad del albedrío en un lugar separado del de la causalidad física, pero que todavía tiene algo de arbitrario. No obstante, en el mismo pensamiento de Kant, hay más material que nos permite explicar mejor este problema, y darle una fundamentación más aterrizada e inteligible, que empezaremos a ver en el segundo artículo, cuando veamos en qué consiste la crucial diferencia entre un ser dotado de razón, y un ser racional; y finalmente en el tercero, cuando desentrañemos históricamente el problema.


[1] Immanuel Kant, La metafísica de las costumbres (Madrid: Editorial Tecnos, 1989). La cita corresponde a la página 276.

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