El mundo noumenal

Una de las principales objeciones con la que se encuentra la ética kantiana hoy, y por la que suele ser fácilmente descartada, es su supuesta dependencia de la existencia del ya—¿por qué no?—infame mundo noumenal.

Y es que, si la ética kantiana descansa en la libertad del albedrío, y esta libertad se la debemos de alguna oscura forma a nuestra existencia en un supuesto mundo noumenal, nos basta con rechazar la existencia de esta ilusión creada por un alemán del siglo XVIII para, al mismo tiempo, rechazar toda su doctrina ética.

Sin embargo, por más que a veces parezca que Kant cae en estas ilusiones metafísicas, que con tanto esfuerzo trató de erradicar definitivamente de la metafísica, el principal papel que cumple la doctrina del mundo noumenal en su ética no es tan decisivo como algunos podrían pensar, y es que lo suelen interpretar desde la perspectiva de la metafísica tradicional.

Puse para buscar en Google "noumenal world", y me salió esto.

Puse para buscar en Google "noumenal world", y me salió esto.

Para Kant, en cambio, postular el mundo noumenal, respecto a la ética, no era más que una forma de tratar de hacer inteligible un problema que él sabía sobrepasaba los límites de nuestro entendimiento.

Veamos esta cita de una obra temprana de Kant, Los sueños de un visionario, de 1766, en la que ya se puede observar claramente esta supuesta dualidad, pero que en realidad no es más que una forma de pensar un problema que sabemos no podemos resolver.

El que la voluntad mueva mi brazo no me resulta más comprensible que si alguien dijera que puede también detener la luna en su órbita; la única diferencia es la siguiente: que yo tengo experiencia de lo primero, mientras que lo segundo nunca se ha presentado ante mis sentidos. Reconozco en mí cambios como un sujeto viviente, a saber, pensamientos, libre albedrío, etc., y puesto que esas determinaciones son de diferente tipo que todas aquellas, tomadas en conjunto, forman mi concepto de cuerpo, con razón me atribuyo un ser incorpóreo y persistente.

Nos dirá inmediatamente después que jamás podremos conocer los detalles de la unión de este ser incorpóreo (o alma) con el mundo sensible, y sobre esos asuntos no tiene siquiera sentido establecer hipótesis.

De esta forma, la ética kantiana no depende de que creamos en la existencia de un mundo noumenal. Lo único que nos pide es aceptar algo que ya todos sabemos.

3 comments

  1. Estoy de acuerdo con Martin en que hay una tendencia a, apresuradamente, dejar de lado toda la filosofía práctica de Kant por implicar una diferencia entre “en sí” y “objeto de representación” (que no es precisamente lo mismo que la pareja fenómeno-noumeno). Ni en la línea fenomenológica, ni en el pragmatismo, ni en la filosofía analítica se da lugar a una propuesta metafísica de este tipo. Sin enmbargo, es muy facil decir algo como “Kant postulaba un mundo en sí independientemente de nuestra representación, hoy ya nadie defiende eso, ERGO ya no es necesario leerlo”. Kant sigue siendo y, podría decir sin titubear, seguirá siendo no sólo una pieza clave en el desarrollo de la filosofía occidental (si nos quedáramos con esto lo veríamos sólo como “pieza de museo”) sino también un interlocutor siempre presente, además de una fuente constante de inspiración. Para señalar solo un nombre, que a mi parecer es uno de los que más ha bebido de Kant, a pesar de no ser etiquetable como kantiano, es Emmanuel Levinas, quien lee constantemente la ética kantiana del deber pero desconfiando de las pretensiones universalistas de aquella propuesta, para centrarse en el deber hacia el otro específico, concreto, con rostro y voz propia. Este cambio implicaría reconcebir la noción de “fenoménico” que en la ética kantiana linda muchas veces con lo “patológico” (ver por ejemplo su análisis en la “Fundamentación…” acerca de las fuentes para la voluntad, siendo la sensible llamada patológica).
    En todo caso, hay muchos intentos como el de Höffe (ya mencionado alguna vez por Martin) o el de Brandt en torno a la política, buscando rescatar elementos de la “Metafísica de las Costumbres”, “Paz Perpetua” y la obra póstuma. Pero aún en estos casos de estudiosos importantes de Kant parece que también hay una toma de distancia con respecto al noumenismo kantiano. Y en este punto llego a mi desacuerdo con Martin.
    No creo que pueda decirse que Kant se halla quedado con la opinión vertida en esa obra de 1766, principalmente porque es ya conocido que la gesta del motivo trascendental entre 1770 y 1780 implicó para él replantear muchas de las afirmaciones que había hecho en la etapa llamada pre-trascendental. Muestra de que la opinión de Kant varió puede observarse en el primer capítulo de la segunda crítica, donde Kant se preocupa manifiestamente por conciliar la libertad con la causalidad de la naturaleza, asignando a uno un plano nouménico y a otro el fenoménico, de manera tal que no habría conflicto. No tengo el libro a la mano pero recuerdo haber leído también en esa segunda crítica que de no hacerse aquella distinción (lo cual implicaría no haber llegado a diferenciar el plano transcendental) la mejor opción para una ética sería la de Spinoza.

    Ahora bien, todo esto lo he escrito con el presupuesto de que Martin, al hablar de “ética kantiana” se refería a lo que suele así llamarse en general (o al menos con mayor prestanza), es decir, lo desarrollado desde la tercera antinomia de la primera crítica hasta el opus postumum. Si es así, estaría, como ya dije, en desacuerdo con su postura.
    La otra opción es que Martin quiera rescatar más bien la ética kantiana en su etapa pre-trascendental (algo que en germen sería parecido a lo que Honneth hace con Hegel al explorar en los escritos de Jena, es decir, ir a “los escritos de juventud” de los clásicos) y señalar que es ahí donde podríamos buscar una renovación de nuestro concepto de “ética kantiana”. Si se trata de esto, pues habría que hacer el minucioso estudio de los compromisos implicados en la postura de Kant en aquella época.
    En todo caso ¡dale pues! a ver qué sale de todo esto.
    Suerte

  2. Muchas gracias por el comentario, Omar, que está muy bueno y me permite aclarar algunas cosas.

    Ciertamente, cuando hablo de ética kantiana me refiero a una teoría ética basada en los escritos de Kant, que son más que nada “tardíos”, aunque estoy seguro que algo así como el “espíritu” de su ética se puede rastrear décadas atrás.

    Sin embargo, al decir “ética kantiana”, y no “filosofía etíca de Kant”, me refiero, muy en consonancia con lo que dice Allen W. Wood (quien a mi parecer está actualmente en la vanguardia respecto al pensamiento ÉTICO de Kant en la actualidad), a una teoría ética que se puede sostener en la actualidad, fuertemente basada en la ética de Kant, pero que hace deslindes y toma posiciones respecto a ciertos conflictos o contradicciones que se podrían hallar en la filosofía moral de aquel. Hay que aclarar que, según Allen W. Wood, y estoy completamente de acuerdo con él, la interpretación de la ética de Kant más sostenible y valiosa HOY es, para sorpresa de muchos, la más apegada al texto de Kant mismo, y la que, por tal motivo, toma el nombre de ética kantiana (y no ética discursiva, por ejemplo).

    Habiendo leído el libro de Wood, Kantian Ethics, que está para bajar por cierto en este blog en formato PDF, pero que tengo de forma física también, veo que una interpretación de Kant, pegada a los textos (pues el libro te lleva constantemente a revisar las obras de Kant, desde la Fundamentación, Segunda crítica, la Religión, La metafísica, la Antropología y sus Lecciones de ética, al igual que muchas otras), difiere radicalmente de la mayoría de interpretaciones que se hacen de su filosofía, ya sean positivas o negativas, y a mí parecer, las supera ampliamente.

    ¿A qué iba? Pues que la posición de Kant sobre un problema tan difícil como es el de la libertad parece variar entre sus distintas obras, y no parece haber una sola argumentación clave en alguna de sus obras que, de ser refutada, traiga todo el sistema abajo. No era mi intención, pues, mostrar la cita de Los sueños de un visionario como definitiva en el pensamiento de Kant (o como la que yo recojo), sino como una de las tantas manifestaciones del intento de Kant de hacer inteligible el problema de la libertad. Y justamente la elegí por ser bastante simple y directa.

    Para una ética kantiana que se quiera sostener hoy, dice Allen W. Wood, el problema de la división entre mundo fenoménico (donde se encuentra la causalidad de la naturaleza) y el noumenal (donde reside de alguna forma nuestra libertad), tal como dices aparece en la segunda Crítica, debe ser visto no como la existencia metafísica de dos mundos distintos, sino una forma de PENSAR el problema, y de tratar de hacerlo inteligible. Nada más (si bien por momentos eso parece no haber sido suficiente para Kant, transgrediendo los límites de su propia razón).

    Algo tenemos que haber ganado en dos siglos de pensamiento crítico.

    Saludos!

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