Los sueños de un visionario

explicados por los sueños de la Metafísica

Marvelman #16 (o por qué no ser irracionales)

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Observemos la siguiente imagen (para verla ampliada, ábranla en una pestaña nueva, y luego háganle click ):

La escena final de Marvelman (de Alan Moore).

Marvelman empezó con haciendo alusión a la idea de superhombre de Friedrich Nietszche. En la imagen vemos efectivamente a un hombre perfecto —al margen de si la creación de Alan Moore le hace justicia al concepto nietzscheano— preguntándose cómo alguien, pudiendo serlo también, decide no hacerlo.

Cada integrante de la especie Homo sapiens es imperfecto genéticamente. En el universo del comic se postula la posibilidad de convertirnos en nuestra versión perfecta, capaz de realizar nuestras capacidades al máximo.

Dejando de lado la filosofía de Nietzsche, Immanuel Kant creía que sólo la especie humana en su conjunto, a lo largo de muchas generaciones, es capaz de realizar su potencialidad, y nunca un espécimen de la misma por sí solo. Esto es sin duda una tesis antropológica, y podríamos pensar un mundo en que tales circunstancias se alteren, como es el caso que nos plantea el comic.

En ese caso, ¿sería preferible que el ser humano evolucione a este nuevo estado? ¿O a lo mejor hay algo perfecto en la imperfección?

Visto desde otro lado, el inicial supuesto superhombre de Nietzsche se nos revela como el hombre virtuoso perfectamente racional de Kant. Hay que aclarar que el hombre como Kant lo entiende no puede nunca llegar a tal estado, sino sólo aproximarse.

La ciencia-ficción del comic abate tal imposibilidad, y asume que efectivamente este nuevo superhombre puede ser perfectamente virtuoso y racional (o en otras palabras, propiamente moral, como infiero de la realización utópica que comenté hace varios meses, y que también pertenece a este último número).

Nuestra racionalidad nos exige, pues, que seamos racionales. Podemos, por supuesto, ignorarla a veces, o incluso la mayoría de veces, y en esa aproximación consiste la virtud. Si tuviésemos una ruta fácil, no obstante, como ya se aludió, ¿tendríamos algún motivo para no tomarla?

Si es que hay efectivamente alguna razón para no tomar tal camino, ¿acaso esto no hace manifiesta la farsa que es la realidad a la que supuestamente aspiramos?

La pregunta es: ¿por qué el hecho de que seamos capaces de usar la razón nos exige que tengamos que efectivamente usar la razón?

¿Por qué no ser irracionales?

El hombre perfecto se pregunta.

El final.

Para los dos números anteriores, entren a este post. Para ver cómo empezó todo, entren acá. Y para una fugaz aparición de Martin Heidegger y Adolf Hitler (coincidentemente —o no— en el mismo número) entren aquí.

¿Será esto lo último de Marvelman en este blog? O a lo mejor la continuación de Neil Gaiman retoma efectivamente esta problemática…

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