¿Cómo entender mal a Kant? Cortesía de Alasdair MacIntyre

Hace un par de años, un amigo de la PUCP me pasó la fotocopia de un capítulo del libro Tras la virtud, de Alasdair MacIntyre, porque trataba de Kant y Kierkegaard, autores que mi amigo sabe que me interesan. Intrigado, empecé la lectura sin saber absolutamente nada del autor ni de su proyecto.

Alasdair MacIntyre.

Alasdair MacIntyre.

La fotocopia todavía la tengo a la mano (porque la encontré ahora que estaba ordenando mi cuarto), y el título del capítulo es “4. La cultura precedente y el proyecto ilustrado de justificación de la moral”.

Ciertamente no es prudente juzgar a un autor por un libro, y menos aún, por un capítulo; pero su tratamiento, tanto de Kant como de Kierkegaard, pero especialmente del primero, me pareció tan sesgado—como si ya supiese lo que quisiera decir sobre el autor, y no se molestase en tratar de entenderlo—que MacIntyre pasó casi instantáneamente a mi lista de autores contemporáneos que me caen más pesados.

En todo caso, el objetivo de este artículo es, primero, compartir una cita de Tras la virtud (central en la argumentación de MacIntyre, al menos de dicho capítulo), y luego explicar—acudiendo al mismo Kant—por qué es que interpreta al filósofo alemán de la forma en la que no debemos interpretarlo; esto es, si es que queremos hacerle justicia alguna. La cita corresponde a la página 67.

Veamos.

Pertenece a la esencia de la razón el postular principios que son universales, categóricos e internamente consistentes. Por tanto, la moral racional postulará principios que puedan y deban ser mantenidos por todo hombre, independientemente de circunstancias y condiciones, que pudieran ser obedecidos invariablemente por cualquier agente racional en cualquier ocasión.

El grotesco error en el que cae MacIntyre es que no diferencia entre el hecho que la validez de un principio racional se mantenga en toda circunstancia no se opone a que este mismo principio racional tenga que ser aplicado justamente en cada circunstancia, tomando en cuenta las condiciones del caso. Por eso, el imperativo categórico no toma la forma de reglas concretas, puesto que de ser ese el caso, no se podría sostener siempre; y se mantiene, más bien, en un terreno de indeterminación.

El posible motivo del grotesco error de MacIntyre es no haber leído más que la primera sección de la Fundamentación de la metafísica de las costumbres, y en el mejor de los casos, hasta la mitad de la segunda sección. Casi sin lugar a dudas, MacIntyre jamás leyó (ni ojeó) La metafísica de las costumbres[1], obra en la que Kant presenta propiamente su teoría ética, y que justamente es una teoría de la virtud (la Fundamentación, en comparación, no contiene más que las “sutilezas” de esta segunda, posterior y más completa obra). Si lo hubiera hecho, a lo mejor se habría encontrado con la siguiente cita (página 270):

[...] la ética, gracias al margen que deja a sus deberes imperfectos, conduce inevitablemente a preguntas que exigen a la facultad de juzgar estipular cómo ha de aplicarse una máxima en los casos particulares; y ciertamente de tal modo que ésta proporcione de nuevo una máxima (subordinada) (en la que siempre puede preguntarse de nuevo por un principio para aplicarla a los casos que se presentan), y cae de este modo en una casuística [...]

Así, la validez del principio racional—para Kant el imperativo categórico—se mantiene en todas las situaciones, pero no en la forma de reglas rígidas como “di siempre la verdad” o “cumple las promesas” (que MacIntyre luego atribuye a Kant), sino como ciertos deberes de virtud, que Kant lista en La metafísica de las costumbres; e incluso para cumplir estos deberes, tendremos que aplicar nuestro juicio en cada situación, tomando en cuenta obviamente todas las circunstancias pertinentes. Y tal como cité a Allen W. Wood en un artículo anterior, bien se pueden dar ciertas condiciones que hagan que la regla “cumple tus promesas” no sea un imperativo categórico, y por lo tanto, no tengamos que obedecerla.

Así, Kant llega inevitablemente a la casuística, cosa que no se opone a la validez universal de la ley moral, así como la prudencia aristotélica no se opone a la recta razón, sino que actúa de acuerdo a ella.

Para un análisis más detallado de cómo funciona la virtud en Kant, y su sorpresivo parecido a la virtud en Aristóteles, así como una más decisiva refutación de MacIntyre al respecto, les recomiendo el capítulo 8 de Kantian Ethics.


[1] Immanuel Kant, La metafísica de las costumbres (Madrid: Editorial Tecnos, 1989).

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4 comments

  1. Vamos a ver.
    Cuando Macintyre habla acerca del imperativo categorico, no pone en duda que Kant realice desarrollos posteriores acerca de maximas racionales, su incorporacion en legislaciones, etc etc., vamos toda la casuistica, jesuitica o kantiana que podamos intentar deducir.
    El problema es la vacuidad en si del imperativo categorico. Usted ya conoce la discusion historica en relacion con esta cuestion, asi que no me voy a explayar al respecto.
    La cuestion para Macintyre es la relacion que tiene tal imperativo, formal, en el desarrollo de la etica y su apelacion en nuestra cultura emotivista actual. Cuando vemos las sesudas tonterias que dicen los especialistas en bioetica y otros comites de etica, como los de las comisiones de investigacion compuestas por politicos, no podemos mas que atribuir su lejana paternidad a Kant y al proyecto ilustrado en su conjunto.
    Este es el real problema que le interesa a Macintyre. Kant no tenia ninguna duda de que el contenido de la moral que correspondia a su imperativ o formal correspondia a la moral cristiana. El problema es que las aplicaciones racionales actuales de las reglas con potencial universalizador son tremendamente subjetivas, interesadas, partidistas, ideologicas.
    Esta, junto con la critica de su consistencia interna, es la raiz de la critica de Macintyre a los componentes de la Ilustracion.
    Un saludo
    Alejandro

  2. Gracias por tu comentario, Alejandro.

    Me parecen correctas tus observaciones… hasta cierto punto, pues, al igual que MacIntyre y mucha de las interpretaciones históricas de la ética de Kant, se limitan a considerar al imperativo categórico como aquella primera formulación.

    (Ver: http://tbpd.wordpress.com/2009/07/10/el-formalismo-del-imperativo-categorico/ )

    En realidad, el imperativo categórico descansa en que consideremos el valor de la humanidad como un fin en sí mismo, lo que a su vez nos obliga a tratarnos unos a otros como poseyendo una dignidad absoluta.

    (Ver: http://tbpd.wordpress.com/2009/07/20/la-humanidad-como-valor-fundamental-de-la-etica-kantiana/ )

    Esto, además, nos obliga a pensarnos como perteneciendo a una comunidad de seres racionales en la que debemos ayudarnos mutuamente a conseguir nuestros fines individuales y concretos.

    (Ver: http://tbpd.wordpress.com/2009/08/07/haciendo-inteligible-la-autonomia-kantiana-apelando-al-reino-de-los-fines/ )

    No te olvides, también, que Kant creía que esta ley moral tenía un efecto implacable en nuestra sensibilidad, lo que no la desvincula de nuestras emociones.

    (Ver: http://tbpd.wordpress.com/2010/06/28/el-lado-humano-de-la-razon/ )

    Respecto de tus referencias a la ética kantiana como una mera versión secularizada del cristianismo (que asumo lo dices en forma negativa, cosa que me parece bien, por cierto), te cuento que la aplicación de la ética de Kant puede llevar a resultados radicalmente distintos de aquellos de una ética tradicional cristiana, como en el caso del aborto.

    (Ver: http://tbpd.wordpress.com/2009/10/14/%C2%BFque-puede-aportar-la-etica-kantiana-al-actual-debate-sobre-el-aborto/ )

    Finalmente, me parece bastante sesgado criticar una posición ética por malas aplicaciones que se puedan hacer de la misma, pues en ese caso ninguna se salvaría. Pienso en el mal uso de Nietzsche por los fanáticos nazis, o cómo la teoría de la virtud de MacIntyre se podría usar de forma excesivamente conservadora.

    La ética de Kant es más una ética del valor de la dignidad humana, y de una vida en comunidad, que de una mera universalización de máximas.

    Lo mejor que nos puede otorgar una teoría ética es que el correcto entendimiento de sus conceptos (no sólo vistos de forma superficial, como MacIntyre hace con Kant) nos ayuden a pensar mejor los problemas actuales, y nuestro lugar en el mundo.

    Saludos.

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