La humanidad como valor fundamental de la ética kantiana

En este artículo, tercero de una serie—de cuatro—sobre el imperativo categórico, nos enfocaremos en la segunda formulación de la ley moral, que es donde Kant introduce el valor fundamental de su ética, y que, por lo tanto, cumple el rol de ser la materia de la ley, otorgándole su contenido.

Empecemos recordando esta segunda formulación:

Formula de la humanidad como fin en sí misma: “Actúa de tal forma que uses a la humanidad, tanto en tu propia persona como en la de cualquier otro, siempre al mismo tiempo como fin y nunca meramente como medio”.

Dejando de lado las críticas que se basan en omitir la palabra “meramente”, y que por lo tanto creen que este imperativo es imposible de llevar a cabo, es necesario aclarar el significado de dos términos, puesto que sin hacerlo, sencillamente no entenderemos qué demonios aporta esta segunda formulación.

En primer lugar, centrémonos en la palabra “fin”. Sobre la pregunta a la que aludí en el artículo anterior, respecto a ¿por qué debemos obedecer este imperativo categórico?, la respuesta es que este nos propone un fin, pero debe quedar claro, no obstante, que el sentido de “fin” acá no alude a algo que queremos lograr u obtener, sino como aclara Allen W. Wood, al motivo por el cual actuamos[1].

Un ejemplo que se me ocurre para explicar la diferencia de matiz entre dos posibles formas de entender dicha palabra, sería el de una acción que tiene como fin procurar el amor de una persona, como comprarle flores o algo igualmente trillado; mientras que una acción que tome la palabra “fin” en el otro signficado, sería una que se haga por amor, como sería el caso de un padre que da su vida para salvar a su hijo. En este último caso, el fin en el primer sentido sería salvar la vida del hijo, pero en el segundo sentido, sería el amor ya existente del padre hacia el hijo.

Al obrar moralmente, debemos incluir siempre entre nuestros motivos—que pueden ser varios—un fin en el segundo sentido, que viene a ser la humanidad, y que Kant nos dice es un fin en sí mismo. El motivo, entonces, por el cual debemos obedecer el imperativo categórico es algo ya existente, presente tanto en nosotros como en cualquier otra persona.

Nos queda, entonces, dar luz sobre qué es exactamente la humanidad.

Como ya dijimos desde el inicio, Kant introduce en esta segunda formulación el valor fundamental de su ética, y este no es otro que la naturaleza racional como un fin en sí misma, que reconoce bajo el nombre de humanidad. Es, pues, un aspecto importante de un principio supremo de la moralidad—del cual hablamos en el primer artículo de la serie—el señalar un solo valor fundamental que esté a su base (por ejemplo, para John Stuart Mill, éste es la felicidad general). Sin embargo, lo que esta naturaleza racional significa suele quedar a la imaginación del lector, y no es raro que sea refutada como exclusiva de Occidente, y de una determinada época. Veamos, pues, qué quiere decir Kant realmente.

Ser racional significa, antes que nada, escuchar y entender razones cuando nos son dadas por otros[2]. En un sentido más técnico, la razón puede ser entendida como la facultad que se encarga de poner fines, y luego busca los medios para conseguirlos. Dentro de los muchos usos que podemos hacer de la razón, Kant reconoce el uso prudencial, que pone como fin la propia felicidad (como quiera que sea entendida por cada individuo), y que busca los medios para conseguirla. Este uso va de la mano con la predisposición a la humanidad[3] que Kant reconoce, en la que el hombre aspira a su propio bienestar, y lo compara con el de otros, siendo innegable el carácter social de ésta.

En la ley moral se introduce el valor fundamental bajo el nombre de humanidad, y apunta justamente tanto a la predisposición del mismo nombre, como al uso prudencial de la razón. Lo que se deriva de volver este uso de la razón un fin en sí mismo, objetivo y presente en todas las personas, es nada menos que la existencia misma de una dimensión estrictamente ética, puesto que la búsqueda de nuestra felicidad se ve ahora limitada por la condición de moralidad de nuestras máximas, que las obliga a respetar la posibilidad de esta misma búsqueda por parte del resto de individuos.

Este “nuevo” uso de nuestra razón, que se encarga de regular en nuestras máximas el respeto a la humanidad—es decir, el uso prudencial de la razón—en todas las personas, es el uso puramente moral y más elevado, cuya mera posibilidad es la que nos otorga dignidad. En la Fundamentación, cuando Kant habla—o intenta hablar—de la moralidad en sentido puro, parecería que el uso moral de la razón debe excluir al uso prudencial, pero ahora vemos que aquel no tiene sentido sin este último, en cuyo valor fundamental reposa.

Es ciertamente más útil que cuando se piense la humanidad en el contexto de la ética kantiana, sea vista no como una idea trascendental, metafísica, abstracta, etc., sino como este uso racional que todos compartimos. Además, entender correctamente el valor fundamental de una ética termina por ayudarnos a captarla mejor en su totalidad, y de esta forma ponerla en práctica. Es por eso que cuando Kant deriva los deberes de virtud en La metafísica de las costumbres, los fundamenta en mayor medida apelando a dicho valor, y no a una universalización meramente formal.

Ya en el siguiente artículo veremos tanto el fundamento como las implicancias sociales de esto al examinar la tercera y más importante formulación del imperativo categórico.


[1] Recomiendo una vez más su libro Kantian Ethics (New York: Cambridge University Press, 2008). Sobre el tema, están los capítulos 4 (The Moral Law), 5 (Humanity) y 6 (Autonomy).

[2] Sigo a Allen W. Wood de cerca en esta definición.

[3] Segunda de tres predisposiciones que Kant reconoce en La religión dentro de los límites de la mera razón, siendo la primera la predisposición a la animalidad, y la tercera la predisposición a la personalidad.

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15 comments

  1. dejense de joder manga de tarados, hagan algo productivo en lugar de estar perdiendo el tiempo con kant, trabajen o algo
    no se puede creer que gasten palabras en esta porquería que no lleva a ningún lugar, son todos una manga de emmos , dan asco.
    Piensen y refuten esto…

  2. De que manera la formula de la humanidad permite justificar la relacion con el otro como persona? Si alguien la puede contestar les agradezo

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